El Dios del remanente


“Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron.” (1 Reyes 19:18)

El profeta Elías vivió en tiempos de mucha apostasía. Quizás nosotros valoramos más su ministerio que la generación a la cual sirvió. Las palabras del profeta denotan lo que se vivía en esos días: “He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.” (1 Reyes 19:14).

Cualquier cristiano verdadero se sentiría consternado con semejante panorama, pero la respuesta divina es sorprendente: “Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron.” Aún en esos días de reinante confusión, Dios en su gracia, escogió un remanente de personas que no doblaron sus rodillas ante los ídolos.

Dios es el Dios del remanente. La palabra “remanente” presupone que antes había más de lo que ahora queda. Dios puede salvar con muchos o con pocos, pero pareciera que a nuestro Dios le gustan más los pocos que los muchos. Ejemplos en la Biblia tenemos de sobra, pues la palabra de Dios no cambia con el tiempo, él sigue firme en su dicho: “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.” (Zacarías 4:6). Es preferible ser olivo sacudido, pero tener parte con los rebuscos que verán la gloria de Dios.

En el razonamiento humano, los cuarenta años que el pueblo de Israel rodeó el desierto podrían parecer como años recorridos en vano, perdidos. Pero Dios no es ocioso y nada hace en vano, su propósito era limpiar la masa, quitar lo leudado, juzgar al pueblo quejumbroso y rebelde, y levantar una nueva generación que cumpliera su santa voluntad.

Hoy también Dios ha escogido y llama un remanente que se consagre a sus intereses. El fuego de prueba finalmente consumirá las escorias, pues para eso lo trajo Dios. Pronto los anhelos de Dios serán cumplidos: “Y dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre, el cual confiará en el nombre de Jehová.” (Sofonías 3:12).

Vendrá nuestro Dios, y no callará; fuego consumirá delante de él, y tempestad poderosa le rodeará. Convocará a los cielos de arriba, y a la tierra, para juzgar a su pueblo. Juntadme mis santos, los que hicieron conmigo pacto con sacrificio.” (Salmos 50:3-5).

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