La amistad cristiana


Foto: Rediff Pages

Foto: Rediff Pages

El título de la enseñanza no tiene como finalidad evocar la secta de Amistad Cristiana, solo hace énfasis en que analizaremos el concepto de amistad según el cristianismo. La mayor parte de este análisis ha sido tomado integro, respetando la redacción original, de un sitio de Internet sobre filosofía. La fuentes consultadas aparecerán al pie de página.

El concepto de Aristóteles

Aristóteles. Foto: Internet

Aristóteles. Foto: Internet

Aristóteles dedica los libros VIII y IX de la Ética a Nicómaco al estudio de la amistad. Afirma, desde el principio, que se trata de una virtud o que va acompañada de virtud, y estima que es lo más necesario para la vida. Sin amigos nadie querría vivir, aunque poseyera los demás bienes, porque la prosperidad no sirve de nada si se está privado de la posibilidad de hacer el bien, la cual se ejercita, sobre todo, respecto de los amigos. Asimismo, en los infortunios se considera a los amigos como único refugio.

“Es absurdo hacer al hombre dichoso solitario, porque nadie querría poseer todas las cosas a condición de estar sólo. Por tanto, el hombre feliz necesita amigos”

Los hombres, aun siendo justos, necesitan la amistad; y los hombres justos son los más capaces de amistad. La amistad es, además de necesaria, bella. Por eso se alaba a los que aman a sus amigos, e incluso se equiparan los hombres buenos a los amistosos. A continuación, Aristóteles expone tres clases de amistad. En cada una de ellas se da la reciprocidad; sin algún tipo de reciprocidad, la amistad es imposible.

La primera clase es la amistad perfecta, que se da entre los hombres buenos e iguales en virtud, ya que éstos quieren el bien el uno del otro en cuanto que son buenos, y son buenos en sí mismos. Esta clase de amistad es la más permanente. Con todo, estas amistades son raras porque tales hombres son pocos y, además, requieren trato, pues sin él, no cabe el conocimiento mutuo. El deseo de amistad surge rápidamente, pero la amistad no.

La segunda clase de amistad es la de aquellos que se quieren por interés, o no por sí mismos, sino en la medida en que se benefician en algo los unos de los otros. La tercera clase de amistad es la de los que se quieren por el placer. Por tanto, en los que se quieren por interés, la amistad obedece al propio bien; y en los que se quieren por el placer, a su propio gusto. En estos casos, la amistad se subordina a los bienes mediales. En suma, estos dos tipos de amistad son imperfectos, y por eso fáciles de disolver: cuando ya no son útiles o agradables el uno para el otro, la amistad desaparece.

La reclamaciones y reproches son propias de la amistad por interés. En cambio, en la verdadera amistad no se dan. Por eso, el que aventaja al amigo en el beneficio prestado, no se lo echará en cara, ya que los dos procuran el intercambio de bienes. De las dos últimas maneras pueden ser amigos entre sí hombres malos, porque los malos no se complacen en sí mismos si no existe la posibilidad de algún provecho o placer.

En la primera clase de amistad se defiende al amigo de las acusaciones, esto recuerda al Sagrado Libro cuando dice: “El que no calumnia con su lengua, ni hace mal a su prójimo, ni admite reproche alguno contra su vecino.” (Salmos 15:3), porque no es fácil creer lo que otro diga de un amigo, a quien uno mismo ha tratado durante mucho tiempo. Además, en los buenos se da la confianza mutua y la imposibilidad de agraviarse, y los demás requisitos de la verdadera amistad. En cambio, en los otros tipos de amistad hay una mezcla con algún mal, por lo que, en rigor, lo son sólo por analogía.

La virtud del amigo consiste en querer. Por eso los aduladores no son verdaderos amigos, ni tampoco los que buscan el propio provecho. Como el querer es una actividad, la amistad es más excelente en los seres humanos más activos.

La esencia de la amistad reside en el compartir, en el conversar y en el compenetrarse. En ella el hombre se encuentra en la misma relación respecto al amigo que consigo mismo. Por eso Aristóteles sostiene que el amigo es otro yo, idea que repite Cicerón. Son incompatibles con la amistad la adulación, la zalamería y el servilismo, pues son contrarios al amor a la verdad.

La amistad es recíproca porque reside en querer. Comparado con el querer, ser querido es pasivo; por consiguiente, sólo si los amigos son activos, la amistad existe. Si el amigo se limita a esperar beneficios, la amistad desaparece. En su lugar aparecería la filantropía. Por eso, Tomás de Aquino, sostiene que el que ama pretende no tanto al amado como su amor. Y ello hasta el punto de que si el amor no es recíproco se extingue.

El hombre sólo puede amarse a sí mismo si es bueno; el hombre malo no se complace en sí mismo si no existe la posibilidad de algún provecho, que en rigor es diferente de él, pues lo que aprovecha es un bien medial. Pero sólo si el hombre es bueno, su intención de otro es completa. Por eso dice Aristóteles que la amistad va acompañada de virtudes, y sin ellas no es posible.

La amistad cristiana contrasta con el sentido pagano de la amistad, que era exclusivista: se amaba al amigo y se odiaba al enemigo. También para Aristóteles los amigos son pocos.1

La amistad cristiana

El concepto de Aristóteles sobre la amistad no dista mucho de la doctrina bíblica, pero la Biblia perfecciona la filosofía de Aristóteles pues según él no se puede ser amigo de Dios, porque la amistad es entre iguales. El hombre nunca será Dios.

La amistad con Dios es posible cuando nos reconciliamos con él. “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.” (Juan 15:13-15). Jesucristo enseñó que la igualdad que Dios requiere para tener su amistad es una igualdad moral: la santidad. Todo aquel que hace la voluntad de Dios es amigo de Dios.

La amistad entre cristianos es una amistad perfecta, porque se basa en el amor desinteresado. Cuando es transformado el corazón del hombre entonces se puede ser amigo. La amistad cristiana tiene su mira en el destino eterno del hombre, y no solo en la felicidad temporal, por lo tanto se exhorta, se amonesta y se reprende al amigo para que no termine siendo excluido del reino de Dios.

La palabra griega phílos es usada en el Nuevo Testamento para referirse a la amistad –e incluso se traduce como amor– y es la misma sobre la cual disertó Aristóteles, sólo que en la Biblia se complementó para referirse a una amistad perfecta: philadelphia o amor fraternal.

Algunos pasajes que hablan sobre esta clase de amistad:

  • “En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia.” (Proverbios 17:17)
  • “El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; Y amigo hay más unido que un hermano.” (Proverbios 18:24)
  • “Angustia tengo por ti, hermano mío Jonatán, Que me fuiste muy dulce. Más maravilloso me fue tu amor Que el amor de las mujeres.” (2 Samuel 1:26).

1 POLO, Leonardo.  “La amistad en Aristóteles”,  Anuario Filosófico,  nº 32 fascículo 2.  Pamplona, 1999,  pp.  477-485 (http://www.iterhominis.com/03_Polo/05_Artigos/AF_004.htm)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s