¿Cómo huir de la fornicación?


Foto: frontpagemag.com

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“Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.” (1 Corintios 6:18)

En estudios anteriores hemos hablado del noviazgo y del sexo seguro. En las Escrituras hallamos muchas amonestaciones para evitar los pecados sexuales. Dios es serio cuando nos dice que debemos de huir de la fornicación. Quizás ya hayas comprendido que a Dios le desagrada una vida de libertinaje sexual y puesto esto en tu corazón te preguntes: ¿Cómo huir de la fornicación? ¿Cómo dejar de fornicar? ¿Cómo dejar la fornicación?

No todo está perdido

Cuando empezamos a tomar conciencia de nuestra sexualidad se despiertan muchos deseos. Deseos que si no sabemos dominar, ellos nos dominarán a nosotros. El sexo es tan placentero que una persona que ya ha incursionado en ello desarrolla un gusto del cual es difícil desistir. Lo mejor hubiera sido mantenernos alejados de las prácticas sexuales hasta el momento apropiado, pero ¿y si alguno ya se aventuró antes de tiempo? ¿Qué debe hacer ahora para que tales deseos no le sean un problema?

Cuando entendemos que el consejo de Dios es “huye de la fornicación”, quizás haya más de uno preocupado, porque renunciar al pecado sexual no es una tarea fácil. La carne siempre será carne y el espíritu, espíritu. Nuestros deseos permanecerán mientras estemos en este cuerpo. Así que será bueno echar una mirada atenta a los consejos de Dios para que ninguno deshonre a su Creador.

No hay varitas mágicas

Muchos le piden ayuda a Dios para dejar sus pecados. Algunos podrán estar pensando cómo Dios los ayudará a terminar con los pecados sexuales. Irresponsablemente muchos le dejan todo a Dios, como si él tuviera una varita mágica para transformar vidas. Dios nunca ha hecho tal cosa. La manera en la que Dios actúa para transformar el corazón de las personas es mostrándoles de muchas maneras lo inmenso de su amor por ellas, dándoles su sabia palabra de verdad y queda en ellas responder a tal impulso.

Alguna vez una persona se preguntó y se respondió a sí misma lo siguiente: “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra. (Salmos 119:9). Si alguno quiere limpiar su camino de cualquier pecado debe guardar la palabra de Dios. No simple y llanamente el mandamiento, sino seguir los lineamientos para vivir alejado de su propia maldad. Así que si ya tenemos Su palabra, ahora estudiemos qué debe hacer una persona para mantenerse alejada –y sus deseos a raya– de los pecados sexuales.

Sabiduría divina

Ahora tomaremos un ejemplo de las propias Escrituras en donde miraremos los errores que cometen los jóvenes (y no solo ellos, sino cualquier persona) que los llevan a la fornicación. Citemos el siguiente pasaje:

“Hijo mío, guarda mis razones, y atesora contigo mis mandamientos. Guarda mis mandamientos y vivirás, y mi ley como las niñas de tus ojos. Lígalos a tus dedos; escríbelos en la tabla de tu corazón. Di a la sabiduría: Tú eres mi hermana, y a la inteligencia llama parienta; para que te guarden de la mujer ajena, y de la extraña que ablanda sus palabras. Porque mirando yo por la ventana de mi casa, por mi celosía, vi entre los simples, consideré entre los jóvenes, a un joven falto de entendimiento, el cual pasaba por la calle, junto a la esquina, e iba camino a la casa de ella, a la tarde del día, cuando ya oscurecía, en la oscuridad y tinieblas de la noche. Cuando he aquí, una mujer le sale al encuentro, con atavío de ramera y astuta de corazón. Alborotadora y rencillosa, sus pies no pueden estar en casa; unas veces está en la calle, otras veces en las plazas, acechando por todas las esquinas. Se asió de él, y le besó. Con semblante descarado le dijo: Sacrificios de paz había prometido, hoy he pagado mis votos; por tanto, he salido a encontrarte, buscando diligentemente tu rostro, y te he hallado. He adornado mi cama con colchas recamadas con cordoncillo de Egipto; he perfumado mi cámara con mirra, áloes y canela. Ven, embriaguémonos de amores hasta la mañana; alegrémonos en amores. Porque el marido no está en casa; se ha ido a un largo viaje. La bolsa de dinero llevó en su mano; el día señalado volverá a su casa. Lo rindió con la suavidad de sus muchas palabras, le obligó con la zalamería de sus labios. Al punto se marchó tras ella, como va el buey al degolladero, y como el necio a las prisiones para ser castigado; como el ave que se apresura a la red, y no sabe que es contra su vida, hasta que la saeta traspasa su corazón. Ahora pues, hijos, oídme, y estad atentos a las razones de mi boca. No se aparte tu corazón a sus caminos; no yerres en sus veredas. Porque a muchos ha hecho caer heridos, y aun los más fuertes han sido muertos por ella. Camino al Seol es su casa, que conduce a las cámaras de la muerte.” (Proverbios 7).

Muchas cosas podemos aprender de este pasaje y es digno de atención, sobre todo si eres joven, porque el personaje principal es precisamente alguien como tú.

  • “…guarda mis razones”.- Lo primero es depender de las razones de Dios. Hay muchas razones en este texto para mantenernos a raya de la fornicación, una de ellas está en la porción final del texto: “Camino al Seol es su casa, que conduce a las cámaras de la muerte.” Si realmente creemos que Dios sabe todas las cosas y por lo tanto cuál será el fin de los fornicarios, entonces tenemos una razón de peso para alejarnos de este pecado. Si eres adolescente o un joven en etapa de formación seguro que aquí hay otra razón de peso para no pensar en la fornicación. No es tiempo de pensar en el sexo porque desvía tu mente de lo primordial.
  • “…y atesora contigo mis mandamientos (…) escríbelos en la tabla de tu corazón. Di a la sabiduría: Tú eres mi hermana, y a la inteligencia llama parienta;”.- Si realmente quieres huir de la fornicación, tendrás que volverte un estudioso de la Biblia. En ningún otro lado podrás encontrar la sabiduría divina a plenitud. En ella hay tanto ejemplos de personas que recibieron en sí mismas las calamidades por fornicar. Sansón, Zimri y Amnón son solo algunos ejemplos.
  • vi entre los simples, consideré entre los jóvenes, a un joven falto de entendimiento”.- Un simple es un tonto, o alguien que es fácilmente seducible.1 ¿Por qué alguien puede engañar tan fácil a otro? Porque ese otro es falto de entendimiento. Alguien falto de entendimiento es el que no ha cumplido con los dos puntos anteriores. La ignorancia es algo voluntario, no un defecto.
  • “…atavío de ramera y astuta de corazón”.- En el mundo, la gran mayoría de los jóvenes admiran la sensualidad, pero es precisamente de este tipo de personas de las que hay que huir: de los sensuales. Cuando digo huir no me refiero a correr despavoridos de las personas así, sino guardar una sana relación con los tales. Si dicha persona es compañera(o) de clase o de trabajo, la relación debe encaminarse por ese cauce. Intimar con personas sensuales nos lleva a lo que sigue diciendo el pasaje.
  • “Se asió de él, y le besó”.- Cuando dos personas fornican, a veces la pregunta es: “¿Cómo carambas llegamos a la cama si nos conocimos hace 1 hora en la disco?”. El que busca encuentra. Si lo que hacemos no es justamente huir de algo, nos lo toparemos de frente. El joven de nuestro pasaje o era muy ingenuo, o le estaba jugando al vivo: “el cual pasaba por la calle, junto a la esquina, e iba camino a la casa de ella, a la tarde del día, cuando ya oscurecía, en la oscuridad y tinieblas de la noche”. Lo que ocurrió después solo fue consecuencia de sus acciones.
  • “Lo rindió con la suavidad de sus muchas palabras, le obligó con la zalamería de sus labios”.- Cuídate de las personas –tanto hombres como mujeres– que te hablan bonito: Pero, ¡qué guapa estás! Eres tan inteligente. Te invito a salir. ¡Eres tan tierno! Mi novio no me trata como tú. Me atrae tu forma de ser. Creo que todos sabemos diferenciar la demostración sincera de cariño y la demostración de cariño empalagosa. Lo primero es natural, lo segundo puede provenir de un mal corazón.
  • “…no yerres en sus veredas. Porque a muchos ha hecho caer heridos, y aun los más fuertes han sido muertos por ella”.- No te equivoques, huir es correr para el otro lado, no acercarte a la vereda del pecado sexual. El que se hace el fuerte es un simple, un tonto. Es mejor ser conscientes de nuestra debilidad y no que después paguemos las consecuencias.

José

Los jóvenes no están condenados a caer en fornicación. En la Biblia se nos narra de un joven llamado José. Cuando leemos su historia vemos que en su vida se conjugaron las mismas circunstancias que llevaron a nuestro desgraciado joven de Proverbios 7 a pecar. Pero sí que hay una diferencia: José no era ningún simple y falto de entendimiento. Su amor y temor por Dios lo hicieron salir victorioso de la tentación.

“Aconteció después de esto, que la mujer de su amo puso sus ojos en José, y dijo: Duerme conmigo. Y él no quiso, y dijo a la mujer de su amo: He aquí que mi señor no se preocupa conmigo de lo que hay en casa, y ha puesto en mi mano todo lo que tiene. No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios? Hablando ella a José cada día, y no escuchándola él para acostarse al lado de ella, para estar con ella, aconteció que entró él un día en casa para hacer su oficio, y no había nadie de los de casa allí. Y ella lo asió por su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entonces él dejó su ropa en las manos de ella, y huyó y salió.” (Génesis 39:7-12).

No hay mejor manera de huir de la fornicación sino haciendo exactamente eso: renunciar a la fornicación. Y nadie puede huir si no considera los consejos de las Escrituras.

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 Pethee. Strong’s # 6612 (http://www.studylight.org/lex/heb/hwview.cgi?n=6612)

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