El ejemplo de un líder


“Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara; nadie como él en todas las señales y prodigios que Jehová le envió a hacer en tierra de Egipto, a Faraón y a todos sus siervos y a toda su tierra, y en el gran poder y en los hechos grandiosos y terribles que Moisés hizo a la vista de todo Israel.” (Deuteronomio 34:10-12)

El ejemplo de un líder trasciende por generaciones. Sus nombres quedan inscritos en las páginas de la historia para testimonio a muchos. Así fue con Moisés. Aún después de varios siglos sigue siendo uno de los mejores ejemplos de liderazgo en la Biblia. De él se dicen muchas cosas buenas, “Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra.” (Números 12:3). Si alguno en la iglesia ha sido llamado para ejercer un liderazgo, bien haría en mirar el ejemplo de Moisés y aprender de sus aciertos y sus errores.

El líder puesto por Dios no se representa a sí mismo, sino a Dios. Eso es lo que Moisés un día perdió de vista. En Números 20:1-13 se nos narra un penoso error de este líder. En un arrebato perdió de vista a quien representaba. Dio una mala imagen de Dios ante el pueblo. Esto bastó para no tener parte en algo que mucho anhelaba: entrar en Canaán, la tierra prometida.

Si nuestros actos únicamente hablaran en nombre propio poco importaría cometer errores, pero si a Dios representamos entonces las cosas toman otro escenario. Es aquí donde la templanza, la mansedumbre y el dominio propio se vuelven virtudes importantísimas. Es bueno mostrar celo, carácter y valentía, pero solo aquel que siente y piensa como Dios, puede actuar como Él en situaciones complejas. En otras palabras: se trata de que el líder resuelva las circunstancias tal como Dios lo haría, no como a él le place.

Entrar en la mente divina es posible, por cuanto conocer a Dios es posible. Lo uno y lo otro son lo mismo. “Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo. (1 Corintios 2:16). De los padres espirituales se dice: “Os he escrito a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. (1 Juan 2:14). No hay ningún misterio: el hijo hace lo que ve hacer al Padre.

El cómo, cuándo y de qué forma actuar se puede conocer si consideramos la mente divina. Dios nos ha declarado todo su consejo en las Escrituras. La mente divina se abrió y todo su consejo nos reveló. Él no nos oculta su forma de pensar y de proceder. Hombre sabio y entendido es el que es guiado por el pensamiento divino. ¿Quién quiere representar el nombre Dios? ¿Quién quiere ser un líder de buen nombre?

“¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.” (Santiago 3:13)

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