Los liberales de Macedonia


“Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad.” (2 Corintios 8:1-2)

El apóstol Pablo hace notar dos cosas con las cuales describe a las iglesias de Macedonia: pobreza y generosidad. Para la mente carnal ambas cosas no se llevan: ¿cómo pudiera alguien pobre ser generoso o dar con liberalidad? Y no solo eran pobres, sino profundamente pobres. Además se nos dice que vivían un momento de tribulación cuando al mismo tiempo se dispusieron a reunir fondos para dar una ofrenda a otros cristianos necesitados. El ejemplo de los cristianos de Macedonia resalta una virtud: la liberalidad.

La liberalidad es una virtud relacionada con el dar. Es lo contrario a la avaricia y el derroche, pues los primeros pecan por retener más de lo debido y los segundos por despilfarrar lo que tienen, pues a unos y a otros se les olvida que los bienes son y provienen de Dios.

Aunque la liberalidad se relaciona con las dádivas, no se funda en la cantidad que se da, sino en la voluntad del dador, por lo tanto más liberal es aquel que da menos cosas si las da en función de sus menores recursos. Por esta misma razón el Maestro elogió la ofrenda de una viuda muy pobre y no la de los ricos: “Y dijo: En verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos. Porque todos aquéllos echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobra; mas ésta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía.” (Lucas 21:3-4).

La actitud del dador es lo que motiva la alabanza de Dios, y por supuesto la de los hombres: “Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos.” (2 Corintios 8:3-4). Para el liberal, el dar es un privilegio por tanto lo hará con agrado, en la medida de sus fuerzas y aún más allá de ellas. Los macedonios pidieron con ruegos que se les concediera la oportunidad de dar. Qué contraste con aquellos que como el personaje de una parábola dicen: “Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste;” (Mateo 25:24).

La liberalidad habita en aquellos que tienen este pensamiento: “Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios;” (2 Corintios 8:5). El que se consagra a Cristo, primero le entrega su voluntad y luego todo lo que posee, sea mucho o sea poco. “Porque si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene.” (2 Corintios 8:12). Quien está en deuda con Cristo, lo está con su prójimo.

Los liberales conocen la mente del Señor, pues toman su misma determinación: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.” (2 Corintios 8:9). El gran anhelo de los generosos es ser de bendición para otros.

Y para que nadie llegue a extremos discordantes con la verdadera liberalidad, las Escrituras dejan sentado que el fin de toda dádiva es aliviar la necesidad de otros sin descuidar la propia: “Porque no digo esto para que haya para otros holgura, y para vosotros estrechez, sino para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad, como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo más, y el que poco, no tuvo menos.” (2 Corintios 8:13.15).

Desde luego que el pobre que da, se queda más pobre; pero con su gozo cumplido: parecerse a su Maestro y haber contribuido a que la iglesia viva en igualdad y no en ansiosa inquietud.

“Efectivamente, lo propio de la virtud es hacer el bien antes que recibirlo, y practicar lo correcto más que dejar de hacer lo vergonzoso. Fácil se ve que el dar va acompañado del hacer bien y del hacer bellas acciones, en tanto que ser objeto del bien o no hacer cosas vergonzosas es concomitante con el recibir.” –Aristóteles

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