Haced discípulos


“enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado;” (Mateo 28:20a)

Instruir, enseñar, educar y formar. No sabría con qué otras palabras describir lo que significa hacer un discípulo. Si un cristiano que lleva ya algún tiempo caminando en la verdad no lleva en su corazón a los que vienen detrás de él, entonces tal persona ha perdido de vista el reino de los cielos y su verdadera meta. Cuando estemos frente a frente con el Juez de toda la tierra, la demanda no será una ofrenda de oraciones, ayunos, doctrina bíblica y predicaciones; sino de almas, es decir el fruto de todo lo anterior. El cristiano que no tiene el poder de replicar en otros su misma fe, piedad, espíritu y doctrina es un siervo inútil.

Formar santos no es una tarea sencilla. No fue una idea arrebatada sino bien pensada la que llevó al Padre a entregar a su Hijo por la santificación de los que habrían de creer en Él. Cuando pensemos en alguien que inició esta tarea de formación, nuestra mente no debe dirigirse a ninguno de los patriarcas, profetas o apóstoles, sino al Padre mismo que puso el fundamento para que todos sus mandamientos y doctrina pudieran vivirse a la luz de que “él nos amó primero” (1 Juan 4:19b). Si asimilamos esto entonces podremos entender que el corazón del Padre ha sangrado por cada santo que ha engendrado. El precio que tuvo que pagar por cada santo ha sido el sacrificio de su propio Hijo.

Si aquellos que queremos llevar hijos a la gloria no asumimos el mismo papel que el Padre celestial asumió y no estamos dispuestos a entregar lo que él entregó entonces estamos confinados a vivir el peor de los fracasos: el de una higuera estéril que aunque frondosa no lleva frutos. Todo padre espiritual debería preguntarse si está dispuesto a dar todo lo que tiene –tiempo, cariño, afecto, paciencia, instrucción, palabra, consejo y a sí mismo– con tal de presentarse delante de Dios con las manos llenas.

Lograr que todos los miembros de una iglesia piensen, hablen y actúen de la misma manera en lo esencialmente correcto requiere de tiempo y mucha paciencia. Todos los que no se armen de este pensamiento, jamás podrán obtener un fruto verdadero. Pero ninguno que no comience a adoptar como parte de sí a unos pocos, jamás podrá ver una iglesia caminando en la piedad. El camino al avivamiento consiste en tener cada día más santos, más discípulos del evangelio que enseñó Cristo. Hay que poner todo el corazón en esta labor que constituye una gran comisión para todos los que andamos en la verdad.

No puedo sino dedicar este artículo a todos los jóvenes a quienes me debo, en quienes veo una promesa para el reino de los cielos, y quienes también –después del Cordero inmolado– constituyen un impulso para cada día ser un mejor cristiano. Los amo.

“Mucho me regocijé porque he hallado a algunos de tus hijos andando en la verdad, conforme al mandamiento que recibimos del Padre.” (2 Juan 2:4)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s