La familia de Dios


“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios,” (Efesios 2:19)

Jesús es el fundamento de la iglesia. Su misión en esta tierra no consistió en convencer a multitudes, sino a personas. Por eso se centró en un reducido grupo al cual le enseñó a vivir la plenitud del cristianismo. A este grupo de personas lavadas de sus pecados, perdonadas de los mismos y santas se les llamó iglesia. El nombre provino de la propia boca de Cristo. La primera mención la encontramos en Mateo 16:18 “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. Es en esta asamblea de los santos en donde Jesús centró toda su atención. Él estaba muy ocupado en levantar un grupo de personas completamente parecidas a Él. Y precisamente de este grupo de personas nosotros estamos formando parte: “Para los santos que están en la tierra, y para los íntegros, es toda mi complacencia.” (Salmos 16:3).

Muchos hacen énfasis en que lo mejor de la partida de Cristo fue la llegada del Espíritu Santo, y es cierto; Jesús mismo lo enseñó. Pero se nos olvida que además del Espíritu Santo nos fue dejada la iglesia. Tanto valor tiene el Espíritu Santo como la iglesia, pues ambas cosas fueron provistas por nuestro Señor Jesucristo. No estamos solos en este mundo. El Espíritu Santo y una gran familia están con nosotros. Debemos comprender el valor que tiene la iglesia en nuestras vidas para poder tomar de ella lo que Jesús quiso dejarnos a través de ella.

Que el Espíritu que proviene de Dios nos alumbre, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido (1 Corintios 2:12).

La iglesia de Dios

Hay tantas definiciones de iglesia como pasajes en el Nuevo Testamento que la describen. Solo por mencionar algunos:

Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos,” (Efesios 2:19a).- Conciudadanos de los santos, una forma de expresar que la iglesia es la ciudad de los santos.

“así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.” (Efesios 5:23b).- El cuerpo de Cristo, una comparación que nos deja entender la unidad entre Cristo y su iglesia.

“para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.” (1 Timoteo 3:15).- La casa de Dios, el lugar donde Dios mora. Columna y baluarte de la verdad, el lugar donde la verdad tiene sustento (columna), amparo y defensa (baluarte).

Con estos pasajes seguro que tenemos mucho para estudiar y aprender, pero hay un concepto que a pesar de estar mencionado en la Biblia no asimilamos del mismo modo que los anteriores. Algunos ni siquiera han pensado en él. Otros aunque lo tengan presente no viven creyéndolo y viven dentro de la iglesia limitados a su forma de querer entenderlo.

Dios dejó su iglesia como un oasis en medio del desierto. Cualquiera que vive huyendo de la condenación de este mundo entenderá a qué me refiero. La iglesia es un hogar de bendiciones y tristemente a veces vivimos tomando de ella muy poco o lo que según nosotros nos conviene. Si pudieras entender que todo lo que hay en la iglesia te conviene tomarías de ella todo hasta saciar tu necesidad.

No estoy diciendo que la iglesia deba tomarse como un lugar en donde solo se debe buscar nuestro beneficio o bien donde solo se deba pensar en recibir y no en dar; lo que estoy diciendo es que como parte de las muchas misericordias de Dios para con sus hijos él nos ha provisto de un lugar donde podamos ser bendecidos y alimentados sin reservas. Dios no tiene reservas, él entregó a su propio Hijo por nosotros, pero a veces nosotros vivimos como si nuestro Dios en verdad tuviera alguna reserva para con nosotros. No lo decimos, no lo expresamos, pero la manera en que nos comportamos dentro de la iglesia, y la actitud que asumimos para con las cosas que Dios nos ha concedido por medio de la iglesia dice exactamente eso.

La familia de Dios

Cualquiera diría que Efesios 2:19 habla de la iglesia tomando la figura de una familia. Yo pienso que es al revés: habla de una familia tomando como figura la iglesia. O bien, el modelo de familia es la iglesia. Nadie negaría la idea de que la familia de Dios es la mejor familia que pueda existir. Por esto mismo es lo que digo, la familia de Dios debe ser la familia modelo. Todo lo que Dios hizo al fundar una familia en las bases de un matrimonio fue tomar como modelo su propio prototipo de familia. La familia tradicional debía ser un reflejo o una extensión de la familia de Dios.

Sin embargo todos conocemos la historia: el pecado de los seres humanos opacó este reflejo y quitó las bases divinas sobre las cuales debe fundarse una familia para funcionar y ser una extensión del modelo divino. Aún más allá de conocer la historia del pecado, hemos vivido sus efectos en nuestras propias familias. Así que Dios ideó un plan. Nada se escapa de las manos de Aquel cuya voluntad es soberana.

Jesús vino a restaurar entre los hombres el concepto o modelo de Dios de una familia. Jesús vino a fundar una familia: su iglesia. Es esta familia en donde podemos vivir y desenvolvernos hasta alcanzar la felicidad en plenitud.

Una vez estando con sus discípulos les dijo: “Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.” (Juan 15:15). La palabra griega que se traduce como ‘amigo’ es muy amplia. El significado literal sería ‘amado’, ‘querido’ o ‘cariño’. Se usa también para referirse a alguien que se junta o se asocia en un vínculo familiar con alguien 1. Nada más tierno que Jesús se haya querido asociar de esta forma con sus discípulos.

Además, el argumento de Jesús está cargado de significado. No es una práctica común el hablar las cosas de familia con extraños. Jesús está diciendo que las cosas que él hablaba en la intimidad de su casa con su Padre habían sido comunicadas o reveladas a sus discípulos. El mensaje era claro: los discípulos habían sido adoptados en la familia de Dios.

El apóstol Pablo lo deja muy claro cuando dice: “en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,” (Efesios 1:5). Hemos sido adoptados en la mejor familia: la familia de Dios.

Un rechazo incongruente

A pesar de que la Biblia es clara, muchos cristianos –en especial los padres– no asimilan esta verdad. Pensamos en la iglesia como una congregación, no como en una familia. Varios viven aferrados a su familia tradicional como si no hubiera algo mejor en la familia de Dios. No digo que los jóvenes cristianos deban abandonar sus casas, sus padres y desobligarse de amar a los suyos; lo que sí estoy diciendo es que todos deberían (hasta los mismos padres cristianos) pensar en la iglesia como la mejor familia, pues después de todo la iglesia es la familia de Dios.

Pocos jóvenes tienen el privilegio de tener padres cristianos. La verdad es que aún los padres cristianos deberían ver en la iglesia una familia mejor que la suya. Es más, deberían pensar en hacer a su familia parte de la mejor familia: la iglesia. Hoy en día vivimos la tragedia de tener padres sin visión y jóvenes sin visión. Piensan en ‘su familia’ y ‘la iglesia’, razonan como si ambas cosas debieran estar separadas. Como si el círculo familiar estuviera aislado de la iglesia. Nada más alejado del plan de Dios. Si tan solo entendiéramos que la restauración de toda familia toma forma dentro de la iglesia del Dios vivo.

Cuánto más los jóvenes que viven en familias mixtas (creyentes y no creyentes) deberían entender estos principios. Es cierto que Dios nos manda amar y servir a nuestros familiares inconversos y procurar su salvación, pero tampoco debemos ignorar que entregarse al cristianismo es una decisión muy personal. Habrá jóvenes que aún con todo y el buen ejemplo que muestren verán a sus padres y hermanos perderse eternamente (Mateo 10:35).

Ninguno deberíamos vivir aferrados neciamente a ver a nuestros padres o hermanos entregados a Dios. Mucho menos esta situación debería llevar a los jóvenes a entregarse con reservas a vivir la vida en plenitud dentro de la iglesia. Y mucho menos deberían vivir agradando a sus padres impíos si les piden poner a Dios en segundo término. Cuántas veces he oído el testimonio de jóvenes cristianos contándome que sus padres les impiden congregarse, o participar de algún ministerio en la iglesia. El consejo siempre será el mismo: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.” (Hechos 5:29).

Ningún joven cristiano debería vivir subyugado a sus padres cuando éstos les impiden amar a Dios por sobre todas las cosas. No es un asunto de rebeldía, sino de sujeción a Dios. Muchos padres (aún siendo cristianos) miran con agrado el que sus hijos se desvelen y desgasten en trabajos académicos y tareas escolares, pero cuando se trata de una obra de caridad o de responsabilidades propias de la iglesia entonces expresan su desaprobación o ponen mil trabas con excusas bastante infantiles.

Si todos entendiéramos que el Amo y Dueño de nuestras vidas consumó su diseño de familia en la iglesia entonces nos esforzaríamos cada día más por integrarnos en ella.

Las delicias de la iglesia

En la iglesia Dios ha puesto todo lo que una persona –en especial los jóvenes– necesita para vivir en plenitud:

29 Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, 30 que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna.” (Marcos 10:29-30).

Jesús promete que no hay uno solo que decida amarle con todo el corazón y que viva carente del afecto de una familia. En la iglesia encontrarás cien padres, cien madres, más de cien hermanos y más de cien hijos. Nada hará falta a los que temen a Dios guardando su palabra.

Es cierto que todos los seres humanos tenemos necesidad de cariño y afecto, pero también muy cierto es que todos necesitamos amar, dar cariño y afecto. Por necesidad entiéndase aquello que no podemos resistir, suprimir o sustraer. No podemos negarnos a nuestra necesidad de amar y ser amados. Así que te tengo una buena noticia: en la iglesia hay tantos necesitados de amor, como necesitados de amar. En otras palabras, si tú joven necesitas un padre hay quien necesita un hijo; si tú jovencita necesitas una madre, hay quien necesita una hija; si tú joven o jovencita necesitas padres o hermanos, hay otros tantos que necesitan hijos y hermanos como tú.

En conclusión pudiera decir que el mejor lugar para nacer, madurar y dar vida a otros es la iglesia, la familia de Dios. Si eres parte de esta familia entonces no desaproveches la oportunidad de integrarte cada día más a ella.

——–

  1.  philos. http://www.studylight.org/lexicons/greek/gwview.cgi?n=5384
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