¿Cómo alcanzar la sabiduría?


“Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia.” (Proverbios 4:7)

El libro de Proverbios está dirigido a los jóvenes. Su principal característica es que insta mucho a volvernos sabios y llenarnos de inteligencia. La simpleza o ligereza tristemente es una característica en el carácter de los jóvenes. Todo joven cristiano debe ir en contra de la tendencia de la sociedad, por no decir de sus propias tendencias. Nada mejor que estudiar los sabios consejos de Dios en los cuales tendremos vida, si los abrazamos con el corazón y los ponemos por obra.

Desmistificando la sabiduría

Adquirir sabiduría, es la premisa del libro de Proverbios. Pero la sabiduría va antecedida por la inteligencia. Siendo concretos, la inteligencia se refiere al conocimiento adquirido por medio de mandamientos, ordenanzas, decretos y principios que Dios nos ha dado. Todo joven que decida inquirir en la ley de Dios va a adquirir inteligencia como una consecuencia natural de estudiar los principios divinos. La mente de Dios se abrió y podemos conocerla cuando estudiamos las Escrituras y no hay mejor fuente de inteligencia que la mente de Dios.

Muchos jóvenes se deslumbran cuando comienzan a entender con la ayuda del Espíritu los principios de la Escritura. Se deleitan y se gozan cuando el Espíritu les habla en lo secreto y les revela lo profundo de Dios. Qué bueno es esto y pienso que todos los jóvenes cristianos deberían tener estas experiencias. Pero en tales circunstancias hay un enemigo sutil que puede echar todo a perder. Ese enemigo es el pensar que por entender la ley de Dios ya se tiene lo necesario y suficiente para guiar tu vida y llevar tu cristianismo a buen término. Nada más errado que eso, porque una cosa es adquirir inteligencia y otra muy distinta adquirir sabiduría. Así cómo por tener las herramientas de un herrero no te conviertes en un herrero, tampoco el tener claridad de la ley de Dios te convierte en un experto. En esto precisamente radica la diferencia entre la inteligencia y la sabiduría: la sabiduría es saber aplicar el conocimiento adquirido. Gran diferencia que a muchos puede dejar perplejos.

La importancia del consejo

Si eres humilde dirás Amén a lo que vengo explicando. Es importantísimo adquirir inteligencia, pero aún más importante es adquirir sabiduría: “Las piernas del cojo penden inútiles; así es el proverbio en la boca del necio.” (Proverbios 26:7). Podrás tener claridad de la ley, pero si no eres sabio –o bien un necio– de nada te sirve.

El libro de proverbios hace énfasis en que una de las maneras de adquirir sabiduría es escuchando el consejo:

“Hijo mío, no se aparten estas cosas de tus ojos; guarda la ley y el consejo, y serán vida a tu alma, y gracia a tu cuello.” (Proverbios 3:21-22).

“Retén el consejo, no lo dejes; guárdalo, porque eso es tu vida.” (Proverbios 4:13)

“Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia; no te olvides ni te apartes de las razones de mi boca;” (Proverbios 4:5)

“Oye, hijo mío, y recibe mis razones, y se te multiplicarán años de vida.” (Proverbios 4:10)

“Hijo mío, está atento a mi sabiduría, y a mi inteligencia inclina tu oído, para que guardes consejo, y tus labios conserven la ciencia.” (Proverbios 5:1 y 2)

“Atended el consejo, y sed sabios, y no lo menospreciéis.” (Proverbios 8:33)

“Pobreza y vergüenza tendrá el que menosprecia el consejo; mas el que guarda la corrección recibirá honra.” (Proverbios 13:18)

“Escucha el consejo, y recibe la corrección, para que seas sabio en tu vejez.” (Proverbios 19:20)

Cómo se ven los jóvenes cuando tratan de guiar sus vidas tan solo con la inteligencia adquirida. Como tratando de encontrar un hilo negro que ya otros descubrieron. Es imposible guiar tu vida con conceptos, términos bien definidos y buen entendimiento. Necesitas la sabiduría de otros para andar en este camino.

Muchos jóvenes cristianos ruegan a Dios por sabiduría esgrimiendo el siguiente texto: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.” (Santiago 1:5). ¿Acaso piensa alguno que Dios derramará sabiduría de una manera mágica? Lo que no terminas de considerar es que esa sabiduría que estás pidiendo ya ha sido derramada en otros que te llevan la delantera en este camino. Dios no derramó sabiduría en otros para que la guarden para sí mismos, sino para enseñártela a ti. No en vano la Escritura dice: 20 La sabiduría clama en las calles, alza su voz en las plazas; 21 Clama en los principales lugares de reunión; en las entradas de las puertas de la ciudad dice sus razones.” (Proverbios 1:20-21). De manera que si tienes buen juicio entenderás que la manera de adquirir sabiduría  es escuchándola de otros que la tengan y pidiéndoles consejo.

La trágica historia de Joás

Una historia que nos deja entender lo importante de seguir el buen consejo es la historia del rey Joás. Comenzó a reinar a los 7 años y tuvo un reinado exitoso que después se vino a la ruina. Cualquiera diría que no es propio de los niños ejercer el reinado, y tiene toda la razón. Pero la Biblia nos dice en qué consistió el éxito y el fracaso del rey Joás.

1 De siete años era Joás cuando comenzó a reinar, y cuarenta años reinó en Jerusalén. El nombre de su madre fue Sibia, de Beerseba. 2 E hizo Joás lo recto ante los ojos de Jehová todos los días de Joiada el sacerdote.” (2 Crónicas 24:1-2). (…) “Y Joás hizo lo recto ante los ojos de Jehová todo el tiempo que le dirigió el sacerdote Joiada.” (2 Reyes 12:2) 15 Mas Joiada envejeció, y murió lleno de días; de ciento treinta años era cuando murió. 16 Y lo sepultaron en la ciudad de David con los reyes, por cuanto había hecho bien con Israel, y para con Dios, y con su casa. 17 Muerto Joiada, vinieron los príncipes de Judá y ofrecieron obediencia al rey; y el rey los oyó. 18 Y desampararon la casa de Jehová el Dios de sus padres, y sirvieron a los símbolos de Asera y a las imágenes esculpidas. Entonces la ira de Dios vino sobre Judá y Jerusalén por este su pecado. 19 Y les envió profetas para que los volviesen a Jehová, los cuales les amonestaron; mas ellos no los escucharon. 20 Entonces el Espíritu de Dios vino sobre Zacarías hijo del sacerdote Joiada; y puesto en pie, donde estaba más alto que el pueblo, les dijo: Así ha dicho Dios: ¿Por qué quebrantáis los mandamientos de Jehová? No os vendrá bien por ello; porque por haber dejado a Jehová, él también os abandonará. 21 Pero ellos hicieron conspiración contra él, y por mandato del rey lo apedrearon hasta matarlo, en el patio de la casa de Jehová. 22 Así el rey Joás no se acordó de la misericordia que Joiada padre de Zacarías había hecho con él, antes mató a su hijo, quien dijo al morir: Jehová lo vea y lo demande.” (2 Crónicas 24:15-22). (…) 20 Y se levantaron sus siervos, y conspiraron en conjuración, y mataron a Joás en la casa de Milo, cuando descendía él a Sila; 21 pues Josacar hijo de Simeat y Jozabad hijo de Somer, sus siervos, le hirieron, y murió. Y lo sepultaron con sus padres en la ciudad de David, y reinó en su lugar Amasías su hijo.” (2 Reyes 12:20-21).

Éxito y tragedia. No hay otra forma de describir la historia de este hombre. Lo que mal haríamos en ignorar es la causa principal de su fracaso: este hombre aunque adulto, maduro y hecho rey, dejó el buen consejo y se rebeló contra Dios.

El sacerdote Joiada era un ministro en la casa de Dios y bien pudiera equipararse al ministerio actual de los pastores y maestros en la iglesia. El verdadero ministro siempre adopta hijos. El verdadero ministro es un padre. Nada mejor que los consejos de un ministro que también te toma por hijo para guiar tu vida.

El origen de rebelión

La rebelión contra Dios tiene su origen en la rebelión contra la gente que nos aconseja. Nuestra actitud hacia el consejo es un augurio de la próxima rebelión contra Dios. Deberías considerar la actitud que asumes cuando alguien te amonesta o te reprende. ¿Es tu corazón humilde o vives en una constante rebelión interna?

Estamos desmenuzando el origen de toda rebelión contra el soberano Dueño. Ya dijimos que antes de dar el paso a la rebelión contra Dios se da el paso de la rebelión contra tus autoridades. Pues qué si te digo que antes de dar el paso a la rebelión contra tus autoridades hay un estado o una condición espiritual. Este estado o condición se llama la pérdida de la humildad. Deberíamos estar más atentos a vivir en una completa humildad que a estar alertas de cualquier pecado.

Para saber si vivimos en una completa humildad no debemos recurrir a escudriñar nuestros sentimientos o nuestros pensamientos. A ese nivel todo mundo nos consideramos humildes, pero la verdadera humildad se refleja en evidencias. No hay evidencia más grande de lo que somos sino lo que hacemos y decimos. Por nuestros frutos nos conocerán.

Una manera práctica de darnos cuenta si somos humildes es analizar nuestra actitud hacia el consejo. Aquí te presento una serie de cuestionamientos para que reflexiones y escudriñes tu actitud hacia el consejo y por tanto tu nivel de humildad:

  1. ¿Pides consejo o la gente te busca para darte consejos?
  2. Si pides consejo, ¿pides consejo en tiempo y forma? O lo pides cuando ya has tomado una decisión y actuado. Si ese es el caso entonces no parece una actitud humilde, sino una confesión.
  3. Cuando pides consejo en tiempo y forma, ¿lo pides a las personas indicadas?
  4. Cuando le pides consejo a las personas indicadas y tanto las Escrituras como tu conciencia lo aprueban, ¿vuelves a pedir el mismo consejo a otros? Probablemente estás esperando escuchar lo que quieres escuchar desviando a tu propia alma de la verdad. O eres de los que dicen “Lo voy a orar”, como esperando que Dios consecuente tu engaño.
  5. Finalmente, cuando te dan un buen consejo ¿lo pones por obra?

Todo corazón humilde aprueba que ese es el camino que ha tomado cuando está consciente de su necesidad de ser guiado y ser instruido. Y aquí hay más cosas que entender: la verdadera humildad es detonada por una profunda convicción de tu necesidad. Si no eres humilde seguramente es porque nunca has reparado en lo inexperto e inmaduro que eres. No estás consciente de tu incomplitud.

La sabiduría está a tu alcance

Si te has deleitado adquiriendo inteligencia, no te imaginas lo dichoso que te hará el adquirir sabiduría. Si así lo crees entonces estarás dispuesto a ser guiado e instruido todos los días tu vida. Lo más hermoso es que la sabiduría te dará la capacidad de guiar a otros en un futuro.

La sabiduría está a tu alcance, tanto como las personas que te aman y te aconsejan. El libro de proverbios lo pone de esta forma:

1 ¿No clama la sabiduría, y da su voz la inteligencia? 2 En las alturas junto al camino, a las encrucijadas de las veredas se para; 3 En el lugar de las puertas, a la entrada de la ciudad, a la entrada de las puertas da voces: 4 Oh hombres, a vosotros clamo; dirijo mi voz a los hijos de los hombres.” (Proverbios 8:1-4).

Podrás pensar qué relación tiene esto con lo que venimos hablando, pero en la cultura judía quienes se paraban en las puertas de la ciudad eran los jueces y los ancianos. Las puertas de una ciudad servían como tribunales donde se discutían asuntos de gran importancia. Era hecho así para que todo fuera definido en público y a la luz de muchos testigos. No debería sonar extraño que el libro de Proverbios diga que 20 La sabiduría clama en las calles, alza su voz en las plazas; 21 Clama en los principales lugares de reunión; en las entradas de las puertas de la ciudad dice sus razones.” (Proverbios 1:20-21).

Así de cerca está la sabiduría. Los que muchas veces se alejan de ella son los corazones orgullosos, que no reconocen su necesidad de instrucción. De aquí en adelante, ¿serás sabio o serás necio? El que escribe estas palabras también sabe someterse al consejo de otros.

La naturaleza del joven

Si entendieras tu condición con sus debidas implicaciones te sería más fácil buscar la sabiduría. Los niños juegan y corren por las calles pues su naturaleza se los dicta, de los ancianos se dice que su hermosura radica en su experiencia y madurez, pero a los jóvenes se les insta a buscar sabiduría. ¿Por qué? Porque no la tienen. Porque algo que está ligado a su carácter es la simpleza, la ligereza, la inexperiencia y la inmadurez. Quizás suene duro reconocerlo, pero si logras asimilarlo con toda humildad te será más fácil encontrar el camino a la madurez.

Si recibes esta palabra tendrás un cimiento indestructible que te guiará toda tu vida. Recibir no solo significa oír, sino oír (escuchar), entender (reflexionar y aceptar) y actuar en consecuencia.

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