Carta a una hija


Nuestro Padre siempre está dispuesto a ver, cuidar y proteger lo que más ama. Lo que nuestro Padre más ama son sus hijos, los que lavó con la sangre preciosa de su Hijo, el Señor Jesucristo el cual también toma la figura de nuestro hermano mayor.

Resulta un poco incomprensible cómo es que el ser humano pueda ser hijo de Dios, pero ese misterio ha quedado aclarado por el amor que Cristo nos tuvo: dio su vida para que fuésemos miembros de la familia de Dios.

Dentro de la familia de Dios todos tomamos un rol o actividad a desempeñar. La madurez de carácter, el crecimiento espiritual y la experiencia en el reino de los cielos es lo que marca la actividad que tenemos o el rol que desempeñamos. Dios mismo ha encargado su familia a personas que tengan el perfil que se requiere para tomar en sus brazos a los hermanos más pequeños. Estas personas son los padres espirituales.

Los padres espirituales tienen la grande responsabilidad de ser en esta tierra una extensión de los brazos eternos allá en los cielos. Dios ha extendido sus brazos a través de quienes te amamos y cuidamos. Yo soy privilegiado de tener una hija como tú.

El amor de un padre es algo muy especial, pues el padre entiende el amor como una necesidad en su alma a la cual no se puede negar; como una responsabilidad a la que jamás va a renunciar; como un deber que cumplirá hasta las últimas consecuencias. Es esta clase de amor la que hemos aprendido del Padre celestial.

 Día a día nos esforzamos por ver a nuestros hijos en la fe madurar y crecer. No tenemos otra meta sino verlos avanzar, pues ni aún nosotros continuamos adelante si no vamos de la mano de ustedes. Son la parte central de todo nuestro ministerio.

Ahora empieza a quedarte claro el motivo por el cual estás a mi lado. Hace varios meses, cuando entendiste que llamarme papá era algo en serio, fue como si un rayo de sol hubiera clareado tu día. Pero conforme pasa el tiempo, ese rayo de sol se ha vuelto más intenso y comienzas a ver el paisaje de una manera más clara. El propósito por el cual estamos juntos no nació en mi mente, sino en la mente de Dios, pues Él quiere que seas feliz al formarse el carácter de Cristo en ti. Pronto tendrás que tomar responsabilidades en la iglesia. No hay nada mejor para ti que el estar sembrada a mi lado.

Que Dios me dé muchos días para disfrutar de tu compañerismo y verte lograr grandes cosas a mi lado. Y si no me es concedido, de todas formas debes saber que compartiremos toda una eternidad. Aún en los cielos me llamarás papá.

Te amo entrañablemente.

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