El crecimiento espiritual


El cristiano debe de entender cómo es que funciona la naturaleza de dar fruto e imitarla. En toda la creación no conocemos árboles que ignoren cómo funciona su naturaleza para poder dar fruto abundante. Un árbol siempre da fruto. Cuando el árbol no da fruto se debe a los agentes externos que no están siendo propicios para su desarrollo. La sequía, una mala tierra o las devastaciones naturales impiden que dé su fruto. Pero fuera de ello, se cumple un ciclo: la semilla germina, se hace un arbusto y con el paso del tiempo un árbol grande lleno de vida.

En el caso del crecimiento espiritual, el principal estorbo para que la semilla germine y dé fruto es el continuo fracaso en la lucha con el viejo hombre. El viejo hombre es otra manera de referirse a la carne. La carne es la naturaleza (condición) del hombre cuando está apartado de la influencia divina, viviendo para sí mismo, presto para pecar y opuesto la voluntad de Dios.

La etapa crítica de un cristiano se da al inicio de su conversión. Del mismo modo que un nuevo nacido debe ser atendido para tener un desarrollo pleno, así también es responsabilidad de la iglesia el llevar a los recién convertidos a dejar de ser sí mismos para conformarse al carácter de Cristo. Fracasar en esto deviene en cristianos fracasados.

La condición del discipulado cristiano siempre ha sido la renuncia a uno mismo y la negación. Tenemos que vivir en un continuo abandono de nuestras pasiones, malas maneras y costumbres viciadas para crecer espiritualmente.

El crecimiento espiritual descansa en lo anterior, no en ritos, mandas, prácticas religiosas o éxtasis espirituales. Es el Espíritu Santo quien nos revela la verdad y por medio de ella busca llevarnos a crucificar la carne con sus deseos y pasiones. El duro trato del cuerpo y otras prácticas no tienen poder alguno contra los apetitos de la carne.

Circuncidar el corazón es lo que Dios predicó desde siempre a su pueblo. El Israel de Dios, la iglesia, ahora debe vivir la misma experiencia para comenzar a aproximarse a la gloria eterna.

La mejor manera de resumir el modelo que un cristiano debe buscar en su vida es poniendo como ejemplo la persona de Cristo. Alcanzar su carácter es alcanzar la plenitud y el gozo completo. La verdadera felicidad se alcanza a través de una vida de virtud.

La virtud más grande que existe es el amor. De ella se desprenden todas las demás virtudes. El amor tiene muchos matices y de ahí entendemos que la paciencia, la templanza, la mansedumbre, el afecto fraternal, la benignidad, la valentía, la fidelidad, la liberalidad, la sensibilidad, etcétera, son virtudes que se desprenden del amor verdadero.

El carácter de Cristo es lo que todo cristiano debería estar viviendo. Para encontrarlo se debe cumplir la condición del Maestro, pues él dijo: renuncia a tu yo a tal grado de que haya una disposición al martirio. Es la renuncia a uno mismo el primer paso para conformarse a la imagen de Jesús.

Desde este punto de vista, entonces la iglesia se edifica con piedras vivas del mismo tamaño y forma. Somos cortados y modelados de tal manera que en esencia seamos iguales, portando el mismo carácter que el Hijo de Dios.

Este mundo no necesita ver los cielos abiertos para conocer a Dios, sino pechos abiertos que puedan exponer el corazón de Dios: su manera de pensar, sentir y actuar.

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