Construir un reino juntos


Cuenta una anécdota que un hombre visitó una edificación en una ciudad. Lo que los constructores estaban levantando debería ser el edificio más alto y bello de esa localidad.

Impresionado por el proyecto, el hombre entró a la construcción para darse una idea de lo que la gente hacía ahí dentro. Llegó primero al nivel más bajo del edificio, donde un grupo de personas levantaban parte de un muro. El hombre preguntó a uno de ellos: ¿Qué estás haciendo? El hombre respondió: Estoy pegando tabiques.

Luego subió unos niveles más y al toparse con otro trabajador le hizo la misma pregunta. El hombre respondió: Estoy levantando un muro. Prosiguió otro nivel más arriba y al ver a otro trabajador le preguntó lo mismo. El hombre respondió: Estoy construyendo un edificio.

Finalmente llegó a la parte más alta del edificio y le preguntó lo mismo a uno de los hombres, el cual respondió: Estoy construyendo una ciudad y embelleciéndola.

El ejemplo nos enseña que mientras todos participan de una misma labor, la manera de percibir lo que hacemos marca una diferencia. No es asunto de rol que tomamos, sino de la actitud con la que lo hacemos.

Todos ustedes forman parte de una gran obra. Juntos construimos el reino de los cielos. Construimos la mejor ciudad de todas, estamos luchando por establecer el reino de Dios en esta tierra. Preparamos la venida del Rey de reyes para que este mundo doble rodilla delante él.

El reino de los cielos se establece primero en nuestras decisiones, y luego siendo ejemplo a otros. Hoy más que nunca nos necesitamos. El amor no tiene fronteras, no conoce culturas, no se detiene por distancias; el amor nunca deja de ser.

Vivimos días de preparación, donde estamos formando aquello que dará vida a la iglesia y al mundo: las virtudes de Cristo expresadas en nosotros. El pan del cielo vino al mundo hace dos mil años y nos dejó su legado. Ahora el pan habita en nosotros y seremos la comida de esta generación.

La instrucción, la disciplina y la consagración formarán en nosotros todas las cosas que necesitamos para proseguir. Es tiempo de colocarnos voluntariamente un yugo que nos acompañe toda la vida.

Debemos ser la mejor comida que reciba la iglesia y la generación en la cual nos ha tocado vivir. Seamos uno para conquistar nuestro llamado.

Los amo.

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