Ser tu padre para siempre


Los varones siempre tendemos a imaginarnos cumpliendo alguna misión especial, llena de retos, problemas y resolviendo situaciones difíciles. Pareciera que algo dentro de nosotros nos dice que debemos ser héroes, hacer proezas o bien convertirnos en los defensores de quienes nos rodean.

Nada de lo anterior conlleva en sí mismo algo malo, pues después de todo la gente que nos mira, sí espera que nos comportemos de una forma valerosa. El gran problema que a veces tenemos es que no nos imaginamos el camino que debemos tomar para lograr impactar nuestra generación. Nos imaginamos el resultado pero no la operación. Bendito sea Dios por las hijas e hijos que me rodean y que me hacen entender el camino que debo seguir para serles útil.

Nunca me imaginé que la demanda de una hija no fuera la de tener en su casa a un Moisés, un José o un Elías. Los siervos de Dios que encontramos en las Escrituras son ejemplo de los héroes en los cuales los varones nos queremos convertir. Pero me has hecho entender que a ti no te impacta un nombre, un apellido o una hazaña como dividir el mar en dos o hacer caer fuego del cielo. La demanda de tu corazón, ¡oh mi dulce hija!, es la de tener un padre para siempre.

La persona detrás del nombre es lo que realmente importa, y lo que esa persona representa importa todavía más. Me has confirmado que no fui llamado a ser un monumento, sino alguien de carne y hueso que entienda tu corazón y te sepa guiar hasta el seno de nuestro Cristo.

El reto es grande hija, porque es más fácil obtener dones y desarrollar habilidades antes que un carácter paternal, amoroso, lleno de compasión y de ternura. No quiero conquistar reinos, quiero conquistar corazones, y conquistar el tuyo. No como quien se enseñorea de otro, sino como quien rinde a los demás con su arduo trabajo y servicio.

De ahora en adelante no quiero ocuparme de otra cosa sino de ti y de tus hermanas y hermanos. Hay mil cosas que le puedo pedir a Dios y sé que él estaría dispuesto a concederme. La petición más grande de mi alma es que la gente que amo y que me ama nunca me abandone. Pero esa es la única petición que él no puede concederme. Esa petición se la debo de hacer a ustedes siempre amándolos con todo mi corazón: nunca me dejen. Hija mía, nunca me dejes.

Te ama, tu papi.

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