Los sueños de Dios

“Jehová cumplirá su propósito en mí;” (Salmos 137:8).

Los planes de Dios se hacen realidad a través de personas. Dios ha designado un propósito para cada uno de sus hijos, una misión que cumplir. Somos nosotros en quienes sus sueños se hacen realidad. El grave problema es que nosotros no lo entendemos así. Creemos que nosotros debemos cumplir los sueños de Dios, pero en realidad somos nosotros los que debemos dejar que Dios cumpla su sueño en nosotros. Sigue leyendo

Virtudes sin género

La virtud consiste en el hábito de obrar bien. Es valiente quien practica la valentía, justo quien practica la justicia y generoso quien practica la generosidad. Nadie se gana el título de virtuoso si su conducta no se muestra habitualmente exaltando la rectitud y la perfección. Sigue leyendo

No hay luz en el camino

¿Se han apagado las luces en derredor de ti? ¿Se ha consumido la última vela que te alumbraba? ¿El camino ha quedado oscuro y tienes temor de proseguir? A veces hay días donde el entorno se nubla y no podemos ver lo que tenemos de frente. Solo mira que tu ánimo no se fatigue, ni que tu entendimiento se oscurezca. La oscuridad de la noche nunca debe invadir tu corazón y apagar tu luz interna. Sigue leyendo

Arrepentimiento genuino

“Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En todo os habéis mostrado limpios en el asunto.” (2 Corintios 7:11)

El arrepentimiento ocurre en el alma de una persona. No es un conjunto de mejoras o de buenas obras pues esto se desmorona con el paso del tiempo. Lo que hace que los cambios perduren es una convicción de estar obrando bien con la actitud correcta. El arrepentimiento produce obras, pero no se sustenta en ellas. Poco podía hacer u obrar el ladrón que estaba colgado junto a Cristo, pero nadie dudaría que se encuentra con Él en el paraíso. Sigue leyendo

Sobre los hombros

“De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.” (Juan 14:12)

Cuántas ideas pudieron cruzar por la mente de los discípulos cuando Jesús les aseguró que lograrían mayores cosas que Él. El Maestro era una persona con un sin número de cualidades que se erigía en el lugar más alto que pudieran concebir. El discípulo no es más que su maestro –o no es estimado mayor a su maestro–, bástele al discípulo ser como su maestro, dijo Cristo una vez, refiriéndose al menosprecio del cual los discípulos serían partícipes y no iban a poder evitar. Si al Maestro lo maltrataron no habría consideraciones, con cuanta saña no se levantarían contra sus discípulos. Sigue leyendo