Sobre los hombros


“De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.” (Juan 14:12)

Cuántas ideas pudieron cruzar por la mente de los discípulos cuando Jesús les aseguró que lograrían mayores cosas que Él. El Maestro era una persona con un sin número de cualidades que se erigía en el lugar más alto que pudieran concebir. El discípulo no es más que su maestro –o no es estimado mayor a su maestro–, bástele al discípulo ser como su maestro, dijo Cristo una vez, refiriéndose al menosprecio del cual los discípulos serían partícipes y no iban a poder evitar. Si al Maestro lo maltrataron no habría consideraciones, con cuanta saña no se levantarían contra sus discípulos.

Pero esta vez el Maestro no se refería al sufrimiento. Cristo dijo claramente: “Harás cosas mayores que yo”. Es de suponerse que todo tipo de ideas asalten la mente con esta frase, pero hay que entender las leyes del reino de los cielos para comprender a qué se refería Cristo. A veces vienen ideas mágicas a la cabeza pensando que nos será concedido un poder como el de Cristo para hacer milagros, pero nada más irreal que eso.

Lo que Cristo estaba diciendo es que los discípulos podrían alcanzar metas más grandes que él. Aunque suene extraña la idea, Jesús sabía lo que decía. Estaba convencido de las cosas que estaba formando en quienes lo seguían, mismos que él había elegido. Cristo se estaba dedicando de manera especial a quienes asumirían retos en un futuro. El Maestro estaba convencido de que su vida, su muerte y su resurrección lograrían el impacto necesario en el alma de sus apóstoles para que en el futuro hicieran cosas más grandes.

Cristo fue el cimiento de la vida de sus discípulos. Él fue el escalón en el cual se apoyaron para alcanzar lo que estaba más arriba. Jesús fue la escalera en que treparon para llegar  a un segundo nivel. Del mismo modo que un hijo debe apoyarse sobre los hombros de su padre para llegar a aquello que esta fuera de su alcance, así los hombros de Cristo sostuvieron la vida de sus hijos y eso fue la clave de aquel desconcertante “cosas mayores harás”.

El amor de Cristo fue lo que materializó los sueños de sus hijos. Así fue como Pedro, Juan, Jacobo, Mateo y el mismo Pablo pudieron alcanzar cosas muy altas. No es un asunto de comparar la cantidad o calidad del poder que había en Cristo o en sus discípulos. Es un asunto que tiene que ver con el impulso recibido por alguien que se dedica a ti todos los días de su vida; cuando alguien se transforma en el combustible que en un futuro te llevará lejos.

Nunca tengas miedo del futuro. Mejor imprégnate del amor de quienes te sirven y ayudan al presente. Cuando no sepas qué decir o como actuar, la sola remembranza de ese amor te dará la respuesta. El amor se expresa de mil maneras, pero cuando la expresión de ese amor es dedicación por tu vida entonces abre bien los ojos de tu entendimiento, porque estás siendo considerado la inversión más valiosa en el presente para crear un mejor futuro.

Sobre los hombros de quienes te aman alcanzarás los frutos más altos y hermosos que por ahora están fuera de tu alcance. Sobre los hombros de quienes se dedican a ti te transformarás en un guerrero invencible. Sobre los hombros de tu padre dejarás un legado para la posteridad. Písame fuerte como pisarías y te aferrarías a los peldaños de una escalera que te está llevando hacia el cielo. Y cuando llegues allá arriba no olvides la escalera. Jálala con tus manos y abrázala por la eternidad.

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