Hace trece años


Los días pasan y poco a poco se hacen años. Cada año vivo el hermoso reto de llevarte en mis brazos y guiarte todos los días con lo mejor que tengo: un conocimiento del Dios vivo. Tu padre no es un magnate, ni tampoco tengo tantas posesiones ni dinero como para creer que puedo heredarte todas esas cosas. Aunque poseyera todas aquellas cosas que dan estabilidad y satisfacción temporal, eso no sería el legado que en realidad quiero dejarte. Somos y vivimos por convicciones, no por dinero ni posesiones.

Lo mejor que tengo para darte es un retrato vivo de Cristo. Hace casi dos mil años que él pisó nuestro mundo. Ni tú ni yo le conocimos, pero él vive y es predicado no en las iglesias, sino a través de los testimonios vivos de quienes seguimos su ejemplo. Las iglesias son intérpretes de la doctrina cristiana, los cristianos somos legado. La iglesia poderosa es la que se compone de personas que hacen historia. El único legado que permanecerá contigo no será mi profesión, ni mi dinero, sino mi ejemplo y el reflejo de un Cristo vivo.

Hace trece años conocí por primera vez la linda experiencia de tomar un recién nacido en mis brazos sabiendo que yo era su padre. Las responsabilidades nos cambian y nos hacen ver la vida de manera diferente. Desde ese entonces cruzó por mi mente la idea de ser intachable e irreprensible. Sabía que algo tenia que ocurrir en mi corazón para que desde ese momento en adelante siempre pudiera ser tu ejemplo.

La única situación que me ha hecho entender en qué consiste ser un padre es la de abrazar a mis hijos. Sean naturales o espirituales, los hijos representan el sello de mi paternidad. ¡Cuánto anhelo seguir en el camino de la verdad para que nunca te avergüences de llamarme papá!

Mientras sigues creciendo y desarrollándote solo pienso en ser el ancla que te afirme sobre principios y razones justas. Tu adolescencia no tiene por qué ser tortuosa o desadaptada. El amor de tu padre siempre estará contigo dándote fuerzas y mostrándote el camino.

Cuando te sientas triste, cuéntamelo todo. Cuando no sepas qué hacer pregúntame, cuando no entiendas qué ocurre ten por seguro que yo sí lo sabré. Desde hace treinta y seis años tu padre rueda por este mundo en busca de dar respuesta a las mismas preguntas que tú tienes. No le he dado respuesta a todas mis preguntas, pero sí a todas las que ahora hay en tu corazón.

Si confías en mí llegaremos lejos, si me amas no habrá nada que nos separe, si tomas mi mano tu vida será más tranquila, si eres humilde podrás aprender mil cosas. Solo quienes valoran mi consejo encuentran gozo en llamarme padre. Eres mi hija para siempre.

Te amo a cada momento.

Papi.

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