En el centro de tu corazón

Estar en el centro del corazón de Dios no debería contextualizarse con ideas meramente sentimentales. Es una idea que parte de la sumisión para convertirse en algo que implica un profundo amor por Cristo. Estar en el centro del corazón de una persona, es estar en el centro de su voluntad.

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La fidelidad de quienes aman

La fidelidad es una virtud que se desprende del amor. Aunque el amor es la mayor de las virtudes, para poder comprenderla debemos de desmenuzarla en aquello que produce. Así el amor es la fuente de la bondad, la templanza, el dominio propio, la compasión, la misericordia, la justicia y la fidelidad, por mencionar algunas. Cuando definimos cada una de esas cosas podemos entender el verdadero significado del amor. Sigue leyendo

El crecimiento espiritual

El cristiano debe de entender cómo es que funciona la naturaleza de dar fruto e imitarla. En toda la creación no conocemos árboles que ignoren cómo funciona su naturaleza para poder dar fruto abundante. Un árbol siempre da fruto. Cuando el árbol no da fruto se debe a los agentes externos que no están siendo propicios para su desarrollo. La sequía, una mala tierra o las devastaciones naturales impiden que dé su fruto. Pero fuera de ello, se cumple un ciclo: la semilla germina, se hace un arbusto y con el paso del tiempo un árbol grande lleno de vida.
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Para la hija que vuelve

Hoy vuelvo a tener la anhelada oportunidad de bendecir tu vida. Siempre estuve deseoso de poder hacerlo, y ahora que me es permitido no sabes lo feliz que soy: al fin alcancé tu corazón.

El mayor trofeo de los siervos de Dios es ver cristianos firmes, andando en la verdad. Todos los dones o aptitudes que les son dadas provienen de Dios para una sola cosa: que puedan hacer su labor cada día mejor. Nunca son provistos de algo que solo les sirva a ellos, pues todo lo reciben para enriquecer a otros.
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Para una hija

Hoy vuelvo a sonreír con una esperanza en mi corazón. Esta vez la esperanza es algo palpable, algo que puedo ver: la esperanza eres tú misma. Siempre te he dicho que tu vida es una promesa para mí y para el reino de los cielos. Mi esperanza está depositada en ti y en todos tus hermanos para ver una iglesia nueva, llena del Espíritu de Cristo. Una iglesia llena de Cristo es una iglesia que porta su carácter. Sigue leyendo

La hermosura y la majestad de Dios

Dios es hermoso y majestuoso. No hace falta apelar a demasiada doctrina bíblica para creerlo. En la mente del cristiano se asumen como verdaderas ambas cualidades de Dios. Existen muchos cantos que contienen esta verdad. Los cristianos entendemos que la mayor expresión de la majestad y la hermosura se encuentra en Dios. Fue precisamente un canto lo que me hizo reflexionar en esto. Sigue leyendo

Carta a una hija

Nuestro Padre siempre está dispuesto a ver, cuidar y proteger lo que más ama. Lo que nuestro Padre más ama son sus hijos, los que lavó con la sangre preciosa de su Hijo, el Señor Jesucristo el cual también toma la figura de nuestro hermano mayor.

Resulta un poco incomprensible cómo es que el ser humano pueda ser hijo de Dios, pero ese misterio ha quedado aclarado por el amor que Cristo nos tuvo: dio su vida para que fuésemos miembros de la familia de Dios. Sigue leyendo

El mejor año de mi vida

Ha transcurrido el mejor año de mi vida. El año más maravilloso que jamás he vivido. Mil detalles de parte de nuestro Dios, y otras cosas un tanto inmensas que no pueden llamarse detalles: vivo colmado de bendiciones.

Estoy agradecido con Dios por cada experiencia que hace único su amor, pero hoy reconozco que el mayor tesoro que poseo son todos ustedes. Llegaron a mi vida para quedarse prendidos de mi corazón. No sé cómo le hicieron o cómo le hice, sólo sé que no soy el mismo sin ustedes. Sigue leyendo

Carta de un padre

Vivo agradecido con Dios por cada momento que he vivido a lado de ustedes. Desde que los conozco no mido la vida en años, sino en momentos, porque lo que le da sentido a nuestros días son los momentos que pasamos con la gente que amamos. Decir que he vivido varios años con cada uno de ustedes es decir nada; pues yo he vivido estos años de hermosos, lindos, preciosos y fascinantes momentos con cada uno ustedes. Sigue leyendo

La fe que vence al mundo

Un año más se ha ido y nuestra esperanza debe estar más viva que nunca. Mientras planeamos lo que haremos y las cosas que emprenderemos siempre hay algo que debe guiarnos: el hambre y sed de conquista buscando una iglesia mejor.

Este año se ha distinguido de otros porque la verdad aprendida nos ha confrontado con lo que somos. No es que hallamos descubierto si somos mucho o somos poco, sino que sencillamente nos hemos atrevido a descubrir, por medio de la verdad, quienes somos para obtener un estímulo infalible en nuestro afán de parecernos más al Maestro. Sigue leyendo

Un corazón abierto

Un corazón abierto es como un secreto revelado. Nuestro espíritu guarda mil misterios que no son revelados sino hasta el momento en que el amor de alguien logra cascar nuestro corazón.

Si expresar lo que pensamos a veces es difícil y somos inseguros para hacerlo, exponer lo que sentimos es algo que la mayoría evita, pues nadie quiere sufrir un daño que toque las fibras más sensibles de nuestro ser. Pero aquellos que andan en un vínculo de amor genuino logran tener entre ellos un cariño y afecto profundo en donde no hay barreras para expresar un amor entrañable. Sigue leyendo

Hijos espirituales

“a Timoteo, verdadero hijo en la fe: Gracia, misericordia y paz, de Dios nuestro Padre y de Cristo Jesús nuestro Señor.” (1 Timoteo 1:2)

Un discípulo es un hijo. El mayor grado de profundidad en la relación entre cristianos no se da en aquellos que te llaman amigo, hermano, pastor o maestro, sino en aquellos que te llaman padre. No por nada Jesús llamaba a sus apóstoles “hijitos” (Juan 13:33, Juan 21:5). Si bien es cierto que el término “hijitos” fue usado en el Nuevo Testamento como una forma tierna y cariñosa en la que los apóstoles se referían a los discípulos, no por eso se debe asumir que referirse así a las personas era una mera costumbre. Así llamaba el apóstol Pablo a los gálatas (Gálatas 4:19) y el apóstol Juan así se refería a los discípulos en sus cartas, pero basta leer las palabras que les escribían para darse de cuenta de que en verdad veían como hijos a sus discípulos. Sigue leyendo

Quema los barcos (Burn the ships)

Cuenta una anécdota que cuando Alejandro Magno se dispuso desembarcar en Fenicia y conquistar el imperio persa, las condiciones no le eran del todo favorables. Sus enemigos triplicaban en número a su ejército. Aunque el factor numérico no siempre juega un papel determinante en una batalla y así ejércitos numerosos no son sinónimo de victoria, en esta ocasión el gran Alejandro quiso asegurarse de que sus tropas solamente tuvieran una opción: la victoria. Sigue leyendo

Marcado por Cristo (Branded for Christ)

El siguiente texto es una traducción del artículo titulado en inglés “Branded for Christ” escrito por Leonard Ravenhill. Desde que hace casi 20 años leí su libro “¿Por qué no llega el avivamiento?” creo que le tomé un profundo respeto a todo lo que Ravenhill escribió. Así fue como navegando por el sitio http://ravenhill.org/ encontré el presente artículo. Al no estar traducido al español, me di a la tarea de hacerlo. Sigue leyendo

Crucificados con Cristo

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gálatas 2:20)

Cuando Jesús hacía públicas sus demandas para ser un discípulo suyo, él hablaba de tomar una cruz (Mateo 10:38, Marcos 10:21). Ninguna cruz es espiritual. La cruz a la que Cristo se refería era la cruz de su afrenta y martirio. Todo discípulo de Cristo sabe que el alcance de su decisión puede llevarlo a enfrentar la muerte. Desde luego que nadie que no ame al Señor Jesucristo por sobre todas las cosas –aún por encima de su propia vida– no puede ser su discípulo. Sigue leyendo

La perfecta unidad

“para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.” (Juan 17:21)

El modelo de unidad perfecta lo encontramos en Dios. El Padre y el Hijo uno son y se relacionan íntimamente de una manera constante. En el capítulo 17 del evangelio de Juan, el Señor Jesús oraba. En más de una ocasión repite su gran anhelo de ver a sus discípulos unidos. No es un asunto menor el que la iglesia viva en unanimidad, pero el que Jesús haya puesto como ejemplo su vínculo de unidad con el Padre nos habla de las bases de la unidad y del grado de unión que debemos tener los unos con los otros. Sigue leyendo

Fuego de lo alto

“Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja.” (1 Reyes 18:38)

Todos los milagros que relata la Escritura nos llenan de asombro. El mencionado en el texto inicial quizá sea uno de los más comentados por el pueblo de Dios. Después de las plagas en Egipto y el cruce del mar rojo, el fuego que cayó del cielo sobre el altar de Elías es uno de los milagros mejor recordados entre los que amamos a Dios. Desde luego que la hazaña de Dios en respuesta a la oración de un hombre, para mostrarle a su pueblo que Él era el único Dios vivo y verdadero, es algo que conmueve corazones. Es aquí donde los cristianos debemos poner atención, pues las cosas que quedaron escritas son para amonestarnos a quienes nos han alcanzado los fines de los tiempos (1 Corintios 10:11). Sigue leyendo

Fuego consumidor

“Entonces dijo Moisés a Aarón: Esto es lo que habló Jehová, diciendo: En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado. Y Aarón calló.” (Levítico 10:3)

La santidad es un atributo o cualidad del carácter de Dios. Él muestra o resalta esa cualidad a través de los que se acercan a Él. Dios siempre se mostrará santo cuando sus siervos se acerquen a Él. La consecuencia para Dios siempre será la misma: ser admirado por su santidad, pero para la gente que le sirve la consecuencia dependerá de la rectitud de su corazón. Definitivamente, Nadab y Abiú, hijos de Aarón, llevaron en sí mismos la consecuencia de su pecado. Sigue leyendo

La mente del siervo

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“Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.” (1 Corintios 2:16)

“Mas nosotros tenemos la mente de Cristo”; entrar en la mente divina es posible, porque conocer a Dios es posible. Pero tener la mente –o la mentalidad, forma de pensar– de algún otro va más allá de aprender sus principios y doctrina. Cristo mismo afirmó que las Escrituras daban testimonio de él “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí;” (Juan 5:39), pero un verdadero discípulo de Cristo no se conforma con memorizar mandamientos y conocer doctrina; el llamado del Maestro es a tomar su ejemplo, no solamente sus palabras. Sigue leyendo