La perfecta unidad

“para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.” (Juan 17:21)

El modelo de unidad perfecta lo encontramos en Dios. El Padre y el Hijo uno son y se relacionan íntimamente de una manera constante. En el capítulo 17 del evangelio de Juan, el Señor Jesús oraba. En más de una ocasión repite su gran anhelo de ver a sus discípulos unidos. No es un asunto menor el que la iglesia viva en unanimidad, pero el que Jesús haya puesto como ejemplo su vínculo de unidad con el Padre nos habla de las bases de la unidad y del grado de unión que debemos tener los unos con los otros. Sigue leyendo

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Fuego de lo alto

“Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja.” (1 Reyes 18:38)

Todos los milagros que relata la Escritura nos llenan de asombro. El mencionado en el texto inicial quizá sea uno de los más comentados por el pueblo de Dios. Después de las plagas en Egipto y el cruce del mar rojo, el fuego que cayó del cielo sobre el altar de Elías es uno de los milagros mejor recordados entre los que amamos a Dios. Desde luego que la hazaña de Dios en respuesta a la oración de un hombre, para mostrarle a su pueblo que Él era el único Dios vivo y verdadero, es algo que conmueve corazones. Es aquí donde los cristianos debemos poner atención, pues las cosas que quedaron escritas son para amonestarnos a quienes nos han alcanzado los fines de los tiempos (1 Corintios 10:11). Sigue leyendo

Fuego consumidor

“Entonces dijo Moisés a Aarón: Esto es lo que habló Jehová, diciendo: En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado. Y Aarón calló.” (Levítico 10:3)

La santidad es un atributo o cualidad del carácter de Dios. Él muestra o resalta esa cualidad a través de los que se acercan a Él. Dios siempre se mostrará santo cuando sus siervos se acerquen a Él. La consecuencia para Dios siempre será la misma: ser admirado por su santidad, pero para la gente que le sirve la consecuencia dependerá de la rectitud de su corazón. Definitivamente, Nadab y Abiú, hijos de Aarón, llevaron en sí mismos la consecuencia de su pecado. Sigue leyendo

Todo es vuestro

“Así que, ninguno se gloríe en los hombres; porque todo es vuestro: sea Pablo, sea Apolos, sea Cefas, sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo por venir, todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.” (1 Corintios 3:21-23)

La primera carta a los corintios nos relata la condición de una iglesia dividida. Las amonestaciones, consejos, órdenes e instrucciones de Pablo resuenan por toda la carta. Cuando no se está procurando la unidad hay divisiones. Las divisiones se manifiestan aún en las cosas más sencillas de la vida. La causa de tales divisiones era que los cristianos tenían una mente carnal cuando las circunstancias exigían ser más espirituales. Ese fue el diagnóstico de Pablo. Sigue leyendo

Haced discípulos

“enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado;” (Mateo 28:20a)

Instruir, enseñar, educar y formar. No sabría con qué otras palabras describir lo que significa hacer un discípulo. Si un cristiano que lleva ya algún tiempo caminando en la verdad no lleva en su corazón a los que vienen detrás de él, entonces tal persona ha perdido de vista el reino de los cielos y su verdadera meta. Cuando estemos frente a frente con el Juez de toda la tierra, la demanda no será una ofrenda de oraciones, ayunos, doctrina bíblica y predicaciones; sino de almas, es decir el fruto de todo lo anterior. El cristiano que no tiene el poder de replicar en otros su misma fe, piedad, espíritu y doctrina es un siervo inútil. Sigue leyendo

Los días de Gedeón

“Entonces Jehová dijo a Gedeón: Con estos trescientos hombres que lamieron el agua os salvaré, y entregaré a los madianitas en tus manos; y váyase toda la demás gente cada uno a su lugar.” (Jueces 7:7)

La historia de Gedeón es un ejemplo de lo que unos pocos pueden hacer cuando ponen su confianza en Dios. Algunos toman esta historia para hacer énfasis en la elección de Dios para con unos pocos y con esos cumplir su obra. Después de todo nuestro Dios puede salvar con muchos o con pocos, y pareciera que tiene preferencia por los pocos (1 Samuel 14:6). Pero hay un aspecto que no debemos pasar por alto, y es el que Dios no hace una elección arbitraria sino bien pensada. Sigue leyendo

Los valientes de David

“…y sacaron agua del pozo de Belén que estaba junto a la puerta; y tomaron, y la trajeron a David; mas él no la quiso beber, sino que la derramó para Jehová, diciendo: (…) ¿He de beber yo la sangre de los varones que fueron con peligro de su vida? (…) Los tres valientes hicieron esto.” (2 Samuel 23:16-17)

De todas las virtudes, quizás la valentía sea la más admirada. Todos alaban al valiente aunque pocos sigan su ejemplo. Esto es una paradoja, pues siendo de las virtudes la más loada también es la más rehuida. En el ejército de David había miles de personas, pero la Biblia se toma el tiempo para resaltar la actitud de poco más de treinta hombres a los que llama “los valientes de David” (2 Samuel 23:8-39). Y por si fuera poco, de entre esos había tres que sobrepasaban a todos en valentía (2 Samuel 23:19). ¿Será posible que en la iglesia contemporánea encontremos hombres y mujeres con tal virtud? Sigue leyendo

Los liberales de Macedonia

“Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad.” (2 Corintios 8:1-2)

El apóstol Pablo hace notar dos cosas con las cuales describe a las iglesias de Macedonia: pobreza y generosidad. Para la mente carnal ambas cosas no se llevan: ¿cómo pudiera alguien pobre ser generoso o dar con liberalidad? Y no solo eran pobres, sino profundamente pobres. Además se nos dice que vivían un momento de tribulación cuando al mismo tiempo se dispusieron a reunir fondos para dar una ofrenda a otros cristianos necesitados. El ejemplo de los cristianos de Macedonia resalta una virtud: la liberalidad. Sigue leyendo

Los fieles de Cloé

“Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas.” (1 Corintios 1:10-11)

Cosas extrañas sucedían en Corinto en ausencia del apóstol Pablo. La iglesia estaba fuera de orden e incurriendo en pecados. Casi irremediable el caos que se daba, pero la historia de la iglesia de Corinto dio un giro. No fue gracias a un milagro, pues los milagros son manifestaciones sobrenaturales cuando la capacidad humana termina. La Escritura dice: “Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé…” (1 Corintios 1:11a). Si acaso hubo un “milagro” no provino del cielo, sino de la fidelidad de los cristianos de Cloé. Ellos fueron los que informaron al apóstol Pablo del caos reinante en Corinto. Sigue leyendo

El ejemplo de un líder

“Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara; nadie como él en todas las señales y prodigios que Jehová le envió a hacer en tierra de Egipto, a Faraón y a todos sus siervos y a toda su tierra, y en el gran poder y en los hechos grandiosos y terribles que Moisés hizo a la vista de todo Israel.” (Deuteronomio 34:10-12)

El ejemplo de un líder trasciende por generaciones. Sus nombres quedan inscritos en las páginas de la historia para testimonio a muchos. Así fue con Moisés. Aún después de varios siglos sigue siendo uno de los mejores ejemplos de liderazgo en la Biblia. De él se dicen muchas cosas buenas, “Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra.” (Números 12:3). Si alguno en la iglesia ha sido llamado para ejercer un liderazgo, bien haría en mirar el ejemplo de Moisés y aprender de sus aciertos y sus errores. Sigue leyendo

Más que vencedores

“Y del mismo modo como en los Juegos Olímpicos no son coronados los más bellos y fuertes sino los que luchan (que entre estos están los vencedores), los que actúan rectamente son los que conquistan con derecho las cosas bellas y buenas de la vida, volviendo sus propias vidas por sí mismas deleitables” –Aristóteles 1

Todo aquel que lucha lo hace por obtener una victoria, de no ser así todo esfuerzo no tendría sentido. Pero ningún competidor está seguro de su victoria, pues nadie conoce el futuro como para creer que la pelea es mero trámite para ser coronado vencedor. Por eso todos luchan a su máxima capacidad, para poner a prueba su destreza y tener una oportunidad de saborear el triunfo: de ser el vencedor. Sigue leyendo

Sé ejemplo

“Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.” (1 Timoteo 4:12)

Todos deberíamos abrazar ese consejo del apóstol Pablo dado a Timoteo: sé ejemplo. Creo que Pablo no hacía otra cosa que aplicar las palabras de Jesús cuando dijo: Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, () enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; (Mateo 28:19a, 20a). Todos tendemos a mirar esta gran comisión centrándonos en el fin: los discípulos que haremos; pero se nos olvida que un discípulo sigue a un maestro. ¿Somos la clase de maestros que requieren los discípulos? Si miramos las palabras de Jesús desde este ángulo entonces surge la necesidad de transformarnos en la clase de enseñadores que quienes van detrás de nosotros merecen. Sigue leyendo

Cuando el maná faltó

“…y los hijos de Israel nunca más tuvieron maná, sino que comieron de los frutos de la tierra de Canaán aquel año.” (Josué 5:12b)

Durante cuarenta años el pueblo de Israel se sustentó con pan del cielo. Esto fue un milagro que como tal nunca se repitió. Quizás ver a Elías alimentado por cuervos, o ver a nuestro Señor Jesucristo proveyendo pan a más de cinco mil personas hayan sido los acontecimientos que más se asemejaron al milagro que día a día se dio durante cuarenta años en el desierto. Cada milagro narrado en las Escrituras tiene su gloria; pero el que Dios alimentara toda una nación con comida no conocida es algo que sobrepasa cualquier milagro de providencia o multiplicación. Sigue leyendo

La plomada de Jerusalén

“Te levantarás y tendrás misericordia de Sion, porque es tiempo de tener misericordia de ella, porque el plazo ha llegado. Porque tus siervos aman sus piedras, y del polvo de ella tienen compasión.” (Salmo 102:13-14)

El versículo inicial forma parte de un salmo profético. Su cumplimiento puede darse en más de un momento en la historia. Una posible aplicación la encontramos en el periodo de la cautividad del pueblo judío en Babilonia y su posterior restauración. Otro posible cumplimiento se dará “cuando los pueblos y los reinos se congreguen en uno para servir a Jehová.” (v. 22). Sea cual sea el cumplimiento podemos extraer enseñanzas valiosas para todos aquellos que deseen edificarse como morada de Dios. Sigue leyendo

Piedras vivas

“vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.” (1 Pedro 2:5)

Jesucristo es el cimiento de la iglesia. Él es la Petra del pasaje de Mateo 16:18 sobre la cual la iglesia está asentada y “las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. Saber que Cristo es el fundamento da consuelo y esperanza, pero es muy importante aferrarse a la verdad completa. ¿Qué hay de aquellos que son esa casa espiritual, ese sacerdocio santo, o sea las piedras vivas? Los que edificamos la casa de Dios somos nosotros. Dios nos llama piedras vivas. Sigue leyendo

Pedir como conviene

“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.” (Romanos 8:26)

Cuando un cristiano sabe qué circunstancias le vendrán se sabe encomendar mejor a la gracia de Dios. Dicho de otra forma: le es más fácil saber qué y cómo debe pedir. Algo así le sucedió a los discípulos del libro de los Hechos cuando entendieron que comenzaría un periodo de tribulación y que serían perseguidos por los judíos. La oración de los cristianos fue: “Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús.” (Hechos 4:29, 30). Cuando lo porvenir está claro, lo que se debe pedir no es un misterio. Sigue leyendo

Prisioneros de esperanza

“…sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” (Romanos 5:3b-5)

El cristiano es un prisionero de esperanza. En esperanza fuimos salvos. El Dios que ha prometido darnos vida eterna y un lugar en el reino de su amado Hijo así ha dispuesto que  vivamos en este mundo mientras nuestra salvación se manifiesta: reos de la esperanza. La esperanza permanece mientras no veamos lo prometido, pues andamos por fe y no por vista. Dado que la espera del cristiano es un asunto de paciencia –o una esperanza prolongada–, bueno sería preguntarnos qué estamos esperando. Sigue leyendo

La casa de David

“Hubo larga guerra entre la casa de Saúl y la casa de David; pero David se iba fortaleciendo, y la casa de Saúl se iba debilitando.” (2 Samuel 3:1)

Una de las épocas más gloriosas en la historia del pueblo de Israel fue el reinado de David. Muchas naciones fueron sometidas durante el mandato de este siervo de Dios. Fueran conquistados u obligados a pagar tributo, los pueblos vecinos temían del poder de los israelitas y su rey. Sin duda, David es uno de los personajes más importantes y mejor recordados en la historia, pero toda gloria tiene una antesala; las circunstancias que pusieron a David por cabeza de pueblos no se dieron de la noche a la mañana, pues como dice la Escritura: “…antes de la honra es el abatimiento.” (Proverbios 18:12b). Sigue leyendo

Mudado en otro hombre

“Entonces el Espíritu de Jehová vendrá sobre ti con poder, y profetizarás con ellos, y serás mudado en otro hombre.” (1 Samuel 10:6)

El anhelo de todo cristiano es parecerse cada día más a su Dios. A pesar de nuestra humanidad hemos sido hechos partícipes de la naturaleza divina por medio de Cristo que nos liberó del pecado (1 Pedro 1:4). Pero hemos entendido que cada día se muere a uno mismo para seguir tras los pasos del Maestro. Menos de nosotros y más de Él. Muchos hemos elevado ruegos con esto en el corazón:  “Señor, hazme como tú”. Sigue leyendo

El último sello

“Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.” (Hechos 4:32)

El reto de toda iglesia moderna que se diga cristiana es compararse con la primera iglesia. Si hay una iglesia digna de imitar es la que describe el libro de los Hechos. Hoy en día muchas iglesias reclaman ser la verdadera, pero se les olvida que el apelativo ‘cristianos’ se originó hace más de dos mil años y no precisamente en el seno de una denominación religiosa, sino en relación a un estilo de vida. El título de ‘cristiano’ no se hereda. Que nadie reclame el calificativo ‘cristiano’ si no vive como aquellos a quienes se les bautizó con ese nombre. Basta mirarse en el espejo de la palabra de Dios para darse cuenta de la apegada o vaga semejanza con la verdad. Sigue leyendo