Prisioneros de esperanza

“…sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” (Romanos 5:3b-5)

El cristiano es un prisionero de esperanza. En esperanza fuimos salvos. El Dios que ha prometido darnos vida eterna y un lugar en el reino de su amado Hijo así ha dispuesto que  vivamos en este mundo mientras nuestra salvación se manifiesta: reos de la esperanza. La esperanza permanece mientras no veamos lo prometido, pues andamos por fe y no por vista. Dado que la espera del cristiano es un asunto de paciencia –o una esperanza prolongada–, bueno sería preguntarnos qué estamos esperando. Sigue leyendo

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¿Por qué no permitió Jesús que le hicieran rey?

Richard Wurmbrand. Foto: persecution.tv

Richard Wurmbrand. Foto: persecution.tv

Este post lo he tomado prestado del libro “100 meditaciones desde la cárcel” de Richard Wurmbrand. Para el que no tenga conocimiento de este personaje brevemente se los presento. Richard Wurmbrand (1909-2001) fue un pastor y misionero durante uno de los periodos más oscuros del Siglo XX: la Segunda Guerra Mundial y el comunismo.

Cuando los comunistas tomaron el gobierno se negó a abandonar su natal Rumania con la intención de seguir predicando. Él y su esposa rescataron a numerosos judíos fuera de los barrios “ghettos”, predicaron diariamente en muchos refugios antibombas y terminaron arrestados varias veces por actividades subterráneas cristianas durante el estado de guerra. Sigue leyendo

Con regocijo segarán

“Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.” (Salmos 126:5-6)

El cristianismo florece donde hay cruz y negación. La pena y el sufrimiento son tierra fértil para la preciosa semilla que nos ha sido dada. No en vano el apóstol Pablo le decía a Timoteo, su hijo en la fe: “El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero.” (2 Timoteo 2:6). El principio es fácil: trabajar para luego gozarse, y todo el que trabaje duramente por lograr su objetivo tendrá como impulso el participar de los frutos. Sigue leyendo

¿Hasta cuándo, Señor?

“Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo…” (Hechos 1:7, 8a)

En el Antiguo Testamento hay muchas promesas que hablan de la restauración de Israel. Los discípulos de Jesús no sólo esperaban un restauración espiritual, que la nación se volviera a Dios de todo corazón, sino también una restauración política y de ahí la pregunta: “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” (Hechos 1:6). La respuesta de Jesús fue más que clara: “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones”. Sigue leyendo

No solo de pan vivirá el hombre

“Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre.” (Deuteronomio 8:3)

Uno de los milagros mejor recordados por los israelitas era el del maná que descendió del cielo. Alimentar a toda una generación en el desierto fue una proeza que solo podía provenir de Dios. El milagro por sí solo es glorioso, pero los propósitos de Dios lo son aún más. El versículo anterior nos deja ver que Dios usó una situación adversa para dejar un gran legado a su pueblo: no solo de pan vivirá el hombre.  Sigue leyendo

Al que venciere

“Y ya te has olvidado de Jehová tu Hacedor, que extendió los cielos y fundó la tierra; y todo el día temiste continuamente del furor del que aflige, cuando se disponía para destruir. ¿Pero en dónde está el furor del que aflige?” (Isaías 51:13)

Una victoria no viene sin una guerra. Nadie levanta un trofeo por el cual no ha luchado. No se puede hablar de victoria si no hay algo o alguien a quien vencer. A veces la lógica resulta útil y pone nuestros pies en la tierra, pero aun más que la lógica tenemos la mejor brújula: la Palabra de Dios. Sigue leyendo