He aquí el Cordero de Dios

Foto: katemarieheroff.com

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“Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” (Juan 3:5)

El nuevo nacimiento es un milagro. Un milagro espiritual que da frutos visibles. La persona nacida de nuevo da evidencias o señales claras de ser una nueva criatura. Según nuestro texto inicial un nuevo nacimiento conlleva dos aspectos: nacer de agua y del Espíritu. No son dos nacimientos, es uno solo. Nacer de agua es una alusión al arrepentimiento. Juan el Bautista explicó este concepto cuando dijo: “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; (Mateo 3:11a). Jesús estaba dando énfasis al arrepentimiento, pero el nuevo nacimiento conlleva un aspecto más: nacer del Espíritu. Si alguien no es engendrado por el Espíritu no es un hijo de Dios. Sigue leyendo

Muchos procurarán entrar

Foto: tinkersandsaints.com

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“Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, y encaminándose a Jerusalén. Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán. Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois. Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad. Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos.” (Lucas 13:22-28)

La respuesta de Jesús a la pregunta: ¿Son pocos los que se salvan? nos deja sorprendidos, porque lejos de responder con un simple o un no, se va más allá y nos abre un panorama amplio sobre el tema de la salvación. Seguro que cuando el Espíritu Santo comienza a ministrar la vida de una persona surgen en ella muchas preguntas sobre lo espiritual. Si tú tienes la intención de ser cristiano, quizás una de tus más profundas preguntas es pensar: ¿Quiénes llegarán al final? ¿Quiénes se van a salvar? La respuesta la da Jesús mismo y es necesario poner atención a sus palabras para entender su significado y no ser de aquellos que se fatigan buscando el camino a la salvación y nunca lo encuentran; o peor aún: se extravían de él. Sigue leyendo

Pentecostés

Tumba de Leonard Ravenhill. Foto: Wikipedia

Tumba de Leonard Ravenhill. Foto: Wikipedia

Por Leonard Ravenhill

Lord Montgomery, aquel impredecible mariscal británico, dijo recientemente que Inglaterra entró en la Segunda Guerra Mundial equipada para combatir la Primera Guerra Mundial. Esta era una manera educada de decir que en la Segunda Guerra Mundial Inglaterra estaba muy por detrás de los tiempos en equipo y estrategia bélica. Sigue leyendo

Pedir como conviene

“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.” (Romanos 8:26)

Cuando un cristiano sabe qué circunstancias le vendrán se sabe encomendar mejor a la gracia de Dios. Dicho de otra forma: le es más fácil saber qué y cómo debe pedir. Algo así le sucedió a los discípulos del libro de los Hechos cuando entendieron que comenzaría un periodo de tribulación y que serían perseguidos por los judíos. La oración de los cristianos fue: “Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús.” (Hechos 4:29, 30). Cuando lo porvenir está claro, lo que se debe pedir no es un misterio. Sigue leyendo

Si no tengo amor…

“Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.” (Hechos 3:6)

Uno de los milagros más hermosos en el libro de los Hechos es el citado en el texto anterior. Seguro que Pedro y Juan recordaron las palabras de Jesús cuando dijo: “Y estas señales seguirán a los que creen: …sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.” (Marcos 16:17-18). Este y muchos otros milagros dejaban perplejos a creyentes e incrédulos, y glorificaban a Dios por las señales que eran hechas por mano de los apóstoles. El ministerio glorioso del Espíritu Santo moviéndose en la Iglesia estaba cimbrando las puertas del Hades. ¡Aleluya! Sigue leyendo

El Dios del remanente

“Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron.” (1 Reyes 19:18)

El profeta Elías vivió en tiempos de mucha apostasía. Quizás nosotros valoramos más su ministerio que la generación a la cual sirvió. Las palabras del profeta denotan lo que se vivía en esos días: “He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.” (1 Reyes 19:14). Sigue leyendo

¿Hasta cuándo, Señor?

“Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo…” (Hechos 1:7, 8a)

En el Antiguo Testamento hay muchas promesas que hablan de la restauración de Israel. Los discípulos de Jesús no sólo esperaban un restauración espiritual, que la nación se volviera a Dios de todo corazón, sino también una restauración política y de ahí la pregunta: “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” (Hechos 1:6). La respuesta de Jesús fue más que clara: “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones”. Sigue leyendo