Los fieles de Cloé

“Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas.” (1 Corintios 1:10-11)

Cosas extrañas sucedían en Corinto en ausencia del apóstol Pablo. La iglesia estaba fuera de orden e incurriendo en pecados. Casi irremediable el caos que se daba, pero la historia de la iglesia de Corinto dio un giro. No fue gracias a un milagro, pues los milagros son manifestaciones sobrenaturales cuando la capacidad humana termina. La Escritura dice: “Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé…” (1 Corintios 1:11a). Si acaso hubo un “milagro” no provino del cielo, sino de la fidelidad de los cristianos de Cloé. Ellos fueron los que informaron al apóstol Pablo del caos reinante en Corinto. Sigue leyendo

Cuando el maná faltó

“…y los hijos de Israel nunca más tuvieron maná, sino que comieron de los frutos de la tierra de Canaán aquel año.” (Josué 5:12b)

Durante cuarenta años el pueblo de Israel se sustentó con pan del cielo. Esto fue un milagro que como tal nunca se repitió. Quizás ver a Elías alimentado por cuervos, o ver a nuestro Señor Jesucristo proveyendo pan a más de cinco mil personas hayan sido los acontecimientos que más se asemejaron al milagro que día a día se dio durante cuarenta años en el desierto. Cada milagro narrado en las Escrituras tiene su gloria; pero el que Dios alimentara toda una nación con comida no conocida es algo que sobrepasa cualquier milagro de providencia o multiplicación. Sigue leyendo

El cruce del Mar Rojo

Foto: ArkDiscovery.com

Foto: ArkDiscovery.com

Este video que les quiero presentar lo vi hace algún tiempo en YouTube y me dejó más convencido de la verdad. Los cristianos creemos en la infalibilidad de las Escrituras y cuando las leemos no nos preguntamos cosas como: ¿Será esto cierto? ¿Es posible que haya acontecido así? No es una asunto de fe ciega. Los que hemos experimentado que la doctrina bíblica transforme nuestro entendimiento obtenemos la prueba indubitable de que lo contenido en la Palabra de Dios es la revelación verdadera de lo que el hombre debe saber para vivir en plenitud. Al contemplar la coherencia y la unidad del mensaje de la Biblia asumimos que los milagros y las maravillas contenidas en ese libro son todas posibles. Después de todo, ¿hay algo imposible para Dios? Sigue leyendo

El último sello

“Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.” (Hechos 4:32)

El reto de toda iglesia moderna que se diga cristiana es compararse con la primera iglesia. Si hay una iglesia digna de imitar es la que describe el libro de los Hechos. Hoy en día muchas iglesias reclaman ser la verdadera, pero se les olvida que el apelativo ‘cristianos’ se originó hace más de dos mil años y no precisamente en el seno de una denominación religiosa, sino en relación a un estilo de vida. El título de ‘cristiano’ no se hereda. Que nadie reclame el calificativo ‘cristiano’ si no vive como aquellos a quienes se les bautizó con ese nombre. Basta mirarse en el espejo de la palabra de Dios para darse cuenta de la apegada o vaga semejanza con la verdad. Sigue leyendo

Si no tengo amor…

“Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.” (Hechos 3:6)

Uno de los milagros más hermosos en el libro de los Hechos es el citado en el texto anterior. Seguro que Pedro y Juan recordaron las palabras de Jesús cuando dijo: “Y estas señales seguirán a los que creen: …sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.” (Marcos 16:17-18). Este y muchos otros milagros dejaban perplejos a creyentes e incrédulos, y glorificaban a Dios por las señales que eran hechas por mano de los apóstoles. El ministerio glorioso del Espíritu Santo moviéndose en la Iglesia estaba cimbrando las puertas del Hades. ¡Aleluya! Sigue leyendo