Pedir como conviene

“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.” (Romanos 8:26)

Cuando un cristiano sabe qué circunstancias le vendrán se sabe encomendar mejor a la gracia de Dios. Dicho de otra forma: le es más fácil saber qué y cómo debe pedir. Algo así le sucedió a los discípulos del libro de los Hechos cuando entendieron que comenzaría un periodo de tribulación y que serían perseguidos por los judíos. La oración de los cristianos fue: “Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús.” (Hechos 4:29, 30). Cuando lo porvenir está claro, lo que se debe pedir no es un misterio. Sigue leyendo

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