Los buenos

“Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.” (Mateo 23:28)

En los días de nuestro Señor Jesucristo la opinión pública se encontraba dividida en cuanto a su ministerio. Unos decían que era una buena persona, otros que engañaba al pueblo. Sin importar cual fuera la opinión de las personas, Jesús siempre se mostró responsable y continuó con su labor hasta el final. Jesús tenía una meta clara: glorificar a su Padre. Sigue leyendo

La parábola del sembrador

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“Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno.” (Marcos 4:20)

Una parábola es la narración de un suceso ficticio del cual se deduce, por comparación o semejanza, una enseñanza moral. Las parábolas de Jesús tienen como propósito explicar doctrinas espirituales comparándolas con cosas naturales o cotidianas. Jesús abría su boca en parábolas para enseñar a las personas las verdades del reino. Él estaba interesado en explicar de manera sencilla las cosas que Dios tiene en su corazón. Sigue leyendo

¿Qué es tomar la cruz?

“Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:27)

Discípulos de un maestro

En los tiempos del Señor Jesucristo estaba bastante claro el significado de la palabra “discípulo”. Un discípulo era uno que aprendía ciencia, arte o doctrina de su maestro. Filósofos griegos como Sócrates, Platón y Aristóteles son una buena muestra del significado de la palabra “discípulo”. Aprender la doctrina del maestro dependía de qué tan allegado se estuviera a él, sobre todo en aquellos días donde los medios de comunicación estaban muy limitados. Sigue leyendo

El pecado original

El pecado original

¿Qué enseña la doctrina?

  • Adán nos ha transmitido un pecado con el cual todos nacemos afectados: el pecado original. 1
  • Todos los hombres están implicados en el pecado de Adán. 2 Dicho de otro modo, todos somos pecadores en el pecado de Adán.
  • El pecado original se transmite, juntamente con la naturaleza humana, “por propagación, no por imitación” y que “se halla como propio en cada uno”. 3
  • Es un pecado “contraído”, “no cometido” 4.
  • La Iglesia concede el Bautismo para la remisión de los pecados incluso a los niños que no han cometido pecado personal. 5
  • El pecado original es un dogma de fe. 6

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Más que vencedores

“Y del mismo modo como en los Juegos Olímpicos no son coronados los más bellos y fuertes sino los que luchan (que entre estos están los vencedores), los que actúan rectamente son los que conquistan con derecho las cosas bellas y buenas de la vida, volviendo sus propias vidas por sí mismas deleitables” –Aristóteles 1

Todo aquel que lucha lo hace por obtener una victoria, de no ser así todo esfuerzo no tendría sentido. Pero ningún competidor está seguro de su victoria, pues nadie conoce el futuro como para creer que la pelea es mero trámite para ser coronado vencedor. Por eso todos luchan a su máxima capacidad, para poner a prueba su destreza y tener una oportunidad de saborear el triunfo: de ser el vencedor. Sigue leyendo

He aquí el Cordero de Dios

Foto: katemarieheroff.com

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“Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” (Juan 3:5)

El nuevo nacimiento es un milagro. Un milagro espiritual que da frutos visibles. La persona nacida de nuevo da evidencias o señales claras de ser una nueva criatura. Según nuestro texto inicial un nuevo nacimiento conlleva dos aspectos: nacer de agua y del Espíritu. No son dos nacimientos, es uno solo. Nacer de agua es una alusión al arrepentimiento. Juan el Bautista explicó este concepto cuando dijo: “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; (Mateo 3:11a). Jesús estaba dando énfasis al arrepentimiento, pero el nuevo nacimiento conlleva un aspecto más: nacer del Espíritu. Si alguien no es engendrado por el Espíritu no es un hijo de Dios. Sigue leyendo

La falsa conversión

Foto: develbranded.co.nz

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“Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura. Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente.” (Mateo 9:16-17)

Uno de los efectos de la verdad es que despierta nuestro entendimiento y nos abre los ojos a nuestra verdadera situación espiritual. Sabernos reprobados por la palabra de Dios puede movernos a hacer cambios en nuestras vidas. Tales cambios son necesarios, pero no suficientes para alcanzar la salvación de nuestra alma. Sigue leyendo

El pecado destruye el alma

“Prenderán al impío sus propias iniquidades, y retenido será con las cuerdas de su pecado. Él morirá por falta de corrección, y errará por lo inmenso de su locura.” (Proverbios 5:22-23)

¿Cómo una persona puede llegar a la locura? Pecando. El vivir practicando el pecado es una gran locura. Hasta aquí algunos pudieran no comprender a qué me estoy refiriendo, pero el objetivo de este estudio es que podamos entender las terribles consecuencias del pecado en el corazón de una persona.

Nadie en su sano juicio se destruiría voluntariamente infectándose con alguna enfermedad incurable o administrándose algún veneno por el simple placer de destruirse, el hacerlo sería una locura. Es asombroso que los seres humanos sepamos proteger el cuerpo, pero descuidemos el alma. El pecado destruye el alma. Si todos cuidaran el alma así como cuidan su cuerpo nadie pecaría. Sigue leyendo

La raíz del pecado

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“Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará.” (Lucas 9:23-24)

El pecado es la transgresión a la ley de Dios. La Escritura nos enseña: “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley.” (1 Juan 3:4). Y para que nadie se excuse pensando que la ley de Dios es demasiado incomprensible como para entenderla y vivir sin infringirla, la misma Escritura nos dice: “y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.” (Santiago 4:17). Sigue leyendo

Muchos procurarán entrar

Foto: tinkersandsaints.com

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“Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, y encaminándose a Jerusalén. Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán. Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois. Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad. Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos.” (Lucas 13:22-28)

La respuesta de Jesús a la pregunta: ¿Son pocos los que se salvan? nos deja sorprendidos, porque lejos de responder con un simple o un no, se va más allá y nos abre un panorama amplio sobre el tema de la salvación. Seguro que cuando el Espíritu Santo comienza a ministrar la vida de una persona surgen en ella muchas preguntas sobre lo espiritual. Si tú tienes la intención de ser cristiano, quizás una de tus más profundas preguntas es pensar: ¿Quiénes llegarán al final? ¿Quiénes se van a salvar? La respuesta la da Jesús mismo y es necesario poner atención a sus palabras para entender su significado y no ser de aquellos que se fatigan buscando el camino a la salvación y nunca lo encuentran; o peor aún: se extravían de él. Sigue leyendo

Qué es el arrepentimiento bíblico

Foto: democratic-republicans.us

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“Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan;” (Hechos 17:30).

Desde que el pecado entró en el mundo el llamado de Dios a los pecadores siempre ha sido al arrepentimiento. La Biblia está llena de exhortaciones que instan a los hombres a arrepentirse: “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.” (Isaías 55:7) De principio a fin Dios espera que los seres humanos perdidos se vuelvan a él. Sigue leyendo