Prisioneros de esperanza

“…sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” (Romanos 5:3b-5)

El cristiano es un prisionero de esperanza. En esperanza fuimos salvos. El Dios que ha prometido darnos vida eterna y un lugar en el reino de su amado Hijo así ha dispuesto que  vivamos en este mundo mientras nuestra salvación se manifiesta: reos de la esperanza. La esperanza permanece mientras no veamos lo prometido, pues andamos por fe y no por vista. Dado que la espera del cristiano es un asunto de paciencia –o una esperanza prolongada–, bueno sería preguntarnos qué estamos esperando. Sigue leyendo

Con regocijo segarán

“Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.” (Salmos 126:5-6)

El cristianismo florece donde hay cruz y negación. La pena y el sufrimiento son tierra fértil para la preciosa semilla que nos ha sido dada. No en vano el apóstol Pablo le decía a Timoteo, su hijo en la fe: “El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero.” (2 Timoteo 2:6). El principio es fácil: trabajar para luego gozarse, y todo el que trabaje duramente por lograr su objetivo tendrá como impulso el participar de los frutos. Sigue leyendo